¿Qué
es la emoción? Es la esperanza oculta en tu sonrisa. Es el querer
dejarlo y no poder. Es la locura encerrada en tu mirada. Es el ardiente
beso que una vez me diste. Es la dulzura de tus palabras resonantes en
mi oído. Es ver juntos el atardecer de una tarde de verano ...
No es conocer el engaño a través de tus palabras... Tampoco es saborear mis lágrimas después de tu rechazo...
Es
la venganza que utilicé contra ti. Es el cuchillo que decoré por la
noche. Es ver tu cuerpo inerte tendido en la cama. Es suplantarte por
otro que me hará más feliz.
Es...Es... Pss, la emoción es una pérdida de
tiempo.
" Los cuento de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos" G.K.Chesterton
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lunes, 18 de mayo de 2015
viernes, 28 de noviembre de 2014
La Sombra
Me hallaba en una oscura habitación de piedra húmeda.Al entrar en ella,me sorprendí del calor que desprendía, a pesar del frío ambiente que mi imaginación se había esperado. Intenté dar la vuelta para alejarme de aquel horno, pero fue imposible. La puerta se había evaporado.
Con gran pesar, volví mi vista al cuarto.La visión que se reflejaba ante mí me heló la sangre:
Había un grupo de niños ,de ambos sexos y varias edades ; no parecían estar respirando.
Los observé de cerca y descubrí que efectivamente la mayoría no daba señales de vida, excepto unos tres o cuatro, que miraban al horizonte con terror. Tenían la piel pálida,como si nunca hubieran entrado en contacto con el sol.Sus cuerpos eran puros esqueletos.Sentía pena y náuseas por ellos. ¿Pena? Está claro.¿Náuseas? porque nunca me ha gustado contemplar huesos envueltos en piel.
Al repasarlos visualmente vi dos cosas que me llamaron la atención: La primera era que todos estaban acompañados de lo que parecían ardillas ,vivas y muertas.Jamás pude entender ese detalle.
La segunda, fue que todos tenían en el dedo grapada una especie de etiqueta con un número o un código.
¿Quién era el responsable de semejante locura? Nunca lo supe con certeza, o es que en realidad nunca me armé del suficiente valor para averiguarlo.
Volví a mirarlos por tercera vez, y mi mirada se posó en uno de ellos, el más mayor. Era igual de pálido y delgado que el resto, pero en él pude percibir algo que en los demás no: unas inmensas ojeras que me hicieron creer que este niño jamás había visto una cama. No pude evitar compararlo irónicamente con algún personaje de las películas de Tim Burton.
Estaba tan preocupada por la salud de ese niño que no oí que empezaba a hablar., Su voz sonaba tranquila y segura de sí misma, pero me dejaba claro que alguien le había lavado el cerebro. Decía:
_La Sombra nos protege,nos ayuda, nos alimenta, nos ha salvado. Muchos de mis hermanos han muerto, pero hoy la Sombra me traerá uno nuevo, uno fuerte.No volveré a estar sólo.
¿La Sombra? Estaba claro que debía de ser el apodo de algún enfermo mental que se dedicaba a robar niños. ¿Tendría algún complejo de Rumplestinski?
Las palabras que provenían del niño me dejaron tan atónita que tardé varios segundos en percibir que la escena había cambiado..Ya no me encontraba en el cuarto diabólico, si no que ahora estaba en una casa de aspecto antiguo.
Las palabras que provenían del niño me dejaron tan atónita que tardé varios segundos en percibir que la escena había cambiado..Ya no me encontraba en el cuarto diabólico, si no que ahora estaba en una casa de aspecto antiguo.
Habían escasos muebles y adornos, por lo que supuse que la casa debía de ser pobre. Observé que delante de mí había una pareja sosteniendo un bebé como si les fuera la vida en ello. Lo más probable es que así fuera.De repente, la mujer empezó a llorar. EL hombre le rodeó los hombros con sus brazos,al observar el detalle, en señal de consuelo. Le decía que no se preocupara, que el no dejaría que le pasara nada al niño. Ella asintió con la cabeza sin parecer convencida del todo.
Repentinamente, la puerta y las ventanas se abrieron en un gesto violento, dejando paso al huracán que había realizado esta acción. Poco a poco, el viento al que estoy denominando huracán por no saber el término correcto, se fue convirtiendo en una suave brisa que envolvió a la pareja, y lentamente, al niño, quien sorprendentemente iba desapareciendo, como si fuera un grano de arena de una playa afectada porla brisa.
Yo no entendía nada de lo ocurrido;estaba de piedra. De nuevo, me vi arrastrada fuera de esa habitación, mientras observaba a la desesperada pareja, y volví a encontrarme en el cuarto de los niños.
Ahora, yo era el niño que había visto por última vez, aunque tardé lo mío en sentirlo. Si ya es extraño convertirse en un niño moribundo, o simplemente,en un niño, aún lo fue más descubrir que podía penetrar en su mente y ver todas las atrocidades de las que había sido víctima. No tengo palabras para describir semejante sensación, era tan cruel pero a la vez era tan increíble...
Una vez me acostumbré al cuerpo y a la mente, sentí una repentina calma que inundó mi cuerpo, consiguiendo que me tragara todo el papel que estaba ahora viviendo.Por ello, me agarré las rodillas y me mecí lentamente, como había hecho él, o yo, o...
De repente, una suave brisa acarició mi espalda, llegando a envolverme poco a poco, transformándose al momento en unas manos frías que se posaron en mis hombros mientras me decía junto al llanto de un recién nacido: Ya estoy aquí.
Una vez me acostumbré al cuerpo y a la mente, sentí una repentina calma que inundó mi cuerpo, consiguiendo que me tragara todo el papel que estaba ahora viviendo.Por ello, me agarré las rodillas y me mecí lentamente, como había hecho él, o yo, o...
De repente, una suave brisa acarició mi espalda, llegando a envolverme poco a poco, transformándose al momento en unas manos frías que se posaron en mis hombros mientras me decía junto al llanto de un recién nacido: Ya estoy aquí.
Me desperté.
sábado, 25 de octubre de 2014
Una luz en las sombras.
14
Mientras el sol brilla en la superficie, un oscuro rincón en las alcantarillas escapa de su luz aislándose del mundo y en él, Mark abraza su propio y tembloroso cuerpo como único consuelo ante la pérdida de su único amor. Sus ojos, ya acostumbrados a la oscuridad, buscan un lugar en el que posar la mirada mientras las lágrimas de la noche anterior se secan. Si bien hubo alguien en su hogar, rebuscando algo por todas partes, ya no se oye a nadie. Aún con eso no se atreve a salir. ¿Y si siguen cerca? ¿Y si le cogen como a Vince? No puede arriesgarse, solo le queda esperar. Sabe que no valdra para nada, pero ¿que más puede hacer?
Entre tanto Namira, ya calzado y con su chaqueta de orejas de gato, pasea acompañado del pequeño Wildcat. En su mano sostiene la extraña llave, la cual examina atentamente, preguntándose que tendrá de especial. Entonces un fuerte estruendo y un breve temblor captan su atención y mientras Wildcat sale corriendo, él se guarda la misteriosa llave y va a ver que ocurre.
Mark por su parte, sobresaltado por la ensordecedora explosión, saca el valor para salir de su escondite. Abre una pequeña trampilla, mira para asegurarse de que no hay nadie y se deja caer en el colchón del dormitorio. Sale de este con cuidado y mira atentamente cada rincón de la habitación, que de pronto le parece más vacia aún que de costumbre a pesar de haber estado la mayoria del tiempo solo en ella. Entonces ve por casualidad tirada en el suelo, entre un montón de revistas, libros y demás, la caja que Vince había traído antes de lo ocurrido. Se acerca a cojerla y la observa mientras se pregunta si sería esa la caja que buscaban. El sonido de voces y pisadas le hace en ese momento mirar a la puerta de salida, la cual está entreabierta dejando entrar un haz de luz. Se acerca y asoma un ojo por la abertura pero la luz le ciega y pasan unos segundos hasta que se acostumbra un poco a la luz. Aún que no ve del todo bien, si ve lo suficiente para distinguir a un montón de gente corriendo. Una vez deja de pasar gente respira hondo y decide jugásela. Vince se sacrificó por él y no puede hacer menos que salir de ese lugar para que no lo haya hecho en vano. Es todo o nada. Abre la puerta y sale corriendo hacia la salida con la caja en brazos. Pronto empieza a notar el cansancio en su cuerpo, pero no se frena ni lo más mínimo. Cuando llega a la puerta, totalmente sin vigilar, observa una gran salpicadura de sangre en ella y un escalofrío recorre todo su cuerpo. Dominado por el miedo y la angustia agarra la manilla e intenta abrir la puerta, pero esta permanece cerrada. Prueba de nuevo y obtiene el mismo resultado. Sigue insistiendo una vez tras otra pero solo obtiene como resultado la desesperación apoderandose de él cada vez más y más rápido. Cuando ya casi daba por perdida toda esperanza, logra abrir la puerta de golpe y sale corriendo con todas sus ansias. A su vez Namira, tras el portazo, se levanta del suelo y recoge su ganzúa para luego seguir al desconocido. Tras un rato corriendo, sube las escaleras hasta salir por la tapa de alcantarilla que da a la calle y al girar la cabeza a un lado se topa con lo último que se esperaba, el culo y el miembro desnudos de alguien a apenas medio palmo de su cara. Se sobresalta por ello y a hacerlo Mark, que se habia dejado caer sobre sus manos y rodillas para recuperar el aire, nota su presencia y se sobresalta también, levantándose velozmente del suelo y dándose la vuelta para ver quién le ha seguido. Al encontrarse ante el al hombre-gato con cara de susto se calma un poco, pero sin bajar la guardia. Tarda aún unos segundos en darse cuenta del motivo de su cara y cuando lo hace se cubre rápidamente con la camiseta.
-¿¡Quién eres!? -le pregunta nervioso-.
-Esto es raro hasta para mí... -son las únicas palabras con las que Namira alcanza a responder-.
Mark termina dejándose llevar por el miedo y echa a correr de nuevo tan rápido como su cansado cuerpo se lo permite tras recoger la caja de Panic Station del suelo y Namira sale de la alcantarilla y le sigue.
-¡Espera! -le pide corriendo tras él-.
Mark sigue corriendo hasta meterse por un callejon con la esperanza de que la luz en él sea menor para recuperar así la visibilidad y poder despistar mejor a su perseguidor. Namira entra en el callejón segundos más tarde que él e intenta buscarle con la mirada, pero no tiene luz suficiente para ver bien. Avanza por el pequeño callejón buscando atentamente entre cajas y desperdicios, pero no logra verle.
-Solo quiero saber que ha pasado ahí abajo -dice mientras se frena y levanta las manos-, no te haré nada.
No hay respuesta.
-La puerta estaba pechada -lo intenta de nuevo-, si no fuera por mi no habrías salido.
La silueta de una persona se levanta de entre las sombras y se para frente a Namira.
-¿Fuiste a salvarme? -pregunta con voz temblorosa-.
-Bueno -contesta tras un suspiro- es obvio que no, ni siquiera sé quien eres.
-¿Y que hacías allí?
-Curiosear
-¿Forzando puertas?
-Pues se ve que eso te ha venido bien -le responde relajando los brazos-.
-¿Cómo sé que puedo fiarme de ti?
-Porque si quisiese engañarte te hubiese dicho que si que fui a salvarte -hace una breve pausa-, ¿no?
-está bien -dice tras pensárselo-, pero tendrás que ayudarme.
-Claro, ¿qué necesitas?
El estómago de Mark ruge y Namira no puede evitar reírse.
-Comprendo, te llevaré a comer algo.
-Grac... -deja la frase a medias al ver a Namira bajándose los pantalones- ¿Qué...?
-¿Quieres ir así? -le pregunta deteniéndose-.
Mark se mira por un momento.
-Bueno...
Namira suelta una breve risotada mientras acaba de quitarse los pantalones y se los pasa. Mientras los coge al vuelo, Mark le observa sin nada entre boxers y zapatos.
-¿Y tú vas a ir así? -le pregunta-.
-Acabo de perseguir a un chico practicamente desnudo hasta un callejón oscuro, si alguien nos ve, dudo que pueda pensar ya peor.
Mark asiente y se pone sus pantalones. Acto seguido salen del callejón y Mark entrecierra los ojos por la luz mientras Namira se cruza de brazos.
-¿Te molesta la luz?
-Un poco -le responde sin ganas-.
-Vamos anda -le dice mientras comienza a caminar-, ya te acostumbrarás a la luz.
Mark le sigue y durante la caminata ambos se presentan y le explica a Namira todo lo pasado en las alcantarillas mostrándole tambien la caja.
-Lo siento -le dice Namira sin saber muy bien que más decir-.
Mark mira al suelo en lugar de responder y su acompañante siente impotencia al no poder hacer nada por él. Llegan al Scissor Happy y al entrar, Namira guía a Mark a su habitación. Una vez en esta rebusca en su armario y le pasa unos pantalones anchos negros y unos boxers.
-Cuando acabes de cambiarte avísame -le pide mientras sale y cierra la puerta-.
Tras salir se sienta junto a la puerta para esperar y Eola se acerca a verle y se queda embobada al encontrarselo sentado fuera de su cuarto en ropa interior.
-Tengo miedo a preguntar a que viene esto -dice tras unos instantes-.
-Es una historia un poco rara -le responde Namira-.
En ese momento se abre la puerta y aparece Mark vestido, calzado con unas chanclas y con los pantalones de Namira en la mano. Eola se queda mirándole hasta que se le escapa la risa.
-No sabía que habías ligado Nami -le dice aún entre risas-.
-Déjala -le comenta Namira a Mark, que no sabe como reaccionar-, es siempre así.
Despues de vestirse Namira, se sientan los tres en una de las mesas del local y ambos le cuentan todo lo ocurrido a Eola que les escucha atentamente.
-Ya veo, habría que informar de todo esto cuanto antes.
-No creo que haga falta en realidad -le contradice Namira-.
Tanto Eola como Mark centran en el su mirada al oírle.
-Vamos, ha sido una explosión considerable -se explica-, ya habrá gente investigándola.
-También es cierto -le apoya Eola recomodándose en su silla-, entonces solo queda estar atentos a las noticias, seguramente mañana ya digan algo. Oye -sigue tran una breve pausa- ¿y como es que tú no picabas también?
-Mi condición física no es muy buena -le responde sin ánimos-, supongo que por eso Vince me escondía, un esclavo más o un esclavo menos... ¿Quién iba a notarlo? -explica mientras baja la cabeza-.
-Ya veo...
-¿Y la caja? -pregunta Namira finalmente-.
-¿Caja?
-Ni idea -le responde Mark levantando la cabeza para mirarle a la cara-, a decir verdad todavía no la he abierto.
-¿Qué caja? -insiste Eola cruzándose de brazos-.
Namira mira a Mark mientras señala con el pulgar hacia su cuarto y este asiente con la cabeza, tras lo cual se levanta y se va dejando solos a Mark y Eola. Al cabo de un rato vuelve con la caja y la tira sobre la mesa mientras se sienta, dejando cara arriba el logo de Panic Station. Eola mira el logo con atención y Namira centra en ella su vista.
-¿Te suena de algo?
-¿Que si me suena? Conozco Panic Station, más de una vez le he hecho algún que otro encargo. Pero -prosigue mientras coje con una mano la caja y la observa atentamente- no entiendo como ha acabado algo suyo en las alcantarillas.
-Creo que buscaban esta caja -dice Mark-.
-No me creo que pueda estar relacionado con todo esto... -asegura soltando nuevamente la caja sobre la mesa-.
-¿Qué tipo de encargos hace? -le pregunta Namira-.
-Encuentra cosas -responde secamente-.
-¿Qué? -Namira no le entiende-.
-Si has perdido o te han robado algo y puedes pagar lo suficiente, lo encuentra y te lo devuelve.
-Un ladrón a sueldo, ¿no?
-No, suele informarse bien de que el pedido es válido, nunca roba la pertenencia de otra persona.
-¿Y crees que sabrá algo?
-Bueno... -se lo piensa- Todo es posible. Solo suele aceptar encargos por internet, pero quizá si vais de mi parte podais entrar y conseguir algo, os daré su dirección.
-Espero que valga para algo... -contesta Mark casi susurrando mientras vuelve a bajar la cabeza-.
14
Mientras el sol brilla en la superficie, un oscuro rincón en las alcantarillas escapa de su luz aislándose del mundo y en él, Mark abraza su propio y tembloroso cuerpo como único consuelo ante la pérdida de su único amor. Sus ojos, ya acostumbrados a la oscuridad, buscan un lugar en el que posar la mirada mientras las lágrimas de la noche anterior se secan. Si bien hubo alguien en su hogar, rebuscando algo por todas partes, ya no se oye a nadie. Aún con eso no se atreve a salir. ¿Y si siguen cerca? ¿Y si le cogen como a Vince? No puede arriesgarse, solo le queda esperar. Sabe que no valdra para nada, pero ¿que más puede hacer?
Entre tanto Namira, ya calzado y con su chaqueta de orejas de gato, pasea acompañado del pequeño Wildcat. En su mano sostiene la extraña llave, la cual examina atentamente, preguntándose que tendrá de especial. Entonces un fuerte estruendo y un breve temblor captan su atención y mientras Wildcat sale corriendo, él se guarda la misteriosa llave y va a ver que ocurre.
Mark por su parte, sobresaltado por la ensordecedora explosión, saca el valor para salir de su escondite. Abre una pequeña trampilla, mira para asegurarse de que no hay nadie y se deja caer en el colchón del dormitorio. Sale de este con cuidado y mira atentamente cada rincón de la habitación, que de pronto le parece más vacia aún que de costumbre a pesar de haber estado la mayoria del tiempo solo en ella. Entonces ve por casualidad tirada en el suelo, entre un montón de revistas, libros y demás, la caja que Vince había traído antes de lo ocurrido. Se acerca a cojerla y la observa mientras se pregunta si sería esa la caja que buscaban. El sonido de voces y pisadas le hace en ese momento mirar a la puerta de salida, la cual está entreabierta dejando entrar un haz de luz. Se acerca y asoma un ojo por la abertura pero la luz le ciega y pasan unos segundos hasta que se acostumbra un poco a la luz. Aún que no ve del todo bien, si ve lo suficiente para distinguir a un montón de gente corriendo. Una vez deja de pasar gente respira hondo y decide jugásela. Vince se sacrificó por él y no puede hacer menos que salir de ese lugar para que no lo haya hecho en vano. Es todo o nada. Abre la puerta y sale corriendo hacia la salida con la caja en brazos. Pronto empieza a notar el cansancio en su cuerpo, pero no se frena ni lo más mínimo. Cuando llega a la puerta, totalmente sin vigilar, observa una gran salpicadura de sangre en ella y un escalofrío recorre todo su cuerpo. Dominado por el miedo y la angustia agarra la manilla e intenta abrir la puerta, pero esta permanece cerrada. Prueba de nuevo y obtiene el mismo resultado. Sigue insistiendo una vez tras otra pero solo obtiene como resultado la desesperación apoderandose de él cada vez más y más rápido. Cuando ya casi daba por perdida toda esperanza, logra abrir la puerta de golpe y sale corriendo con todas sus ansias. A su vez Namira, tras el portazo, se levanta del suelo y recoge su ganzúa para luego seguir al desconocido. Tras un rato corriendo, sube las escaleras hasta salir por la tapa de alcantarilla que da a la calle y al girar la cabeza a un lado se topa con lo último que se esperaba, el culo y el miembro desnudos de alguien a apenas medio palmo de su cara. Se sobresalta por ello y a hacerlo Mark, que se habia dejado caer sobre sus manos y rodillas para recuperar el aire, nota su presencia y se sobresalta también, levantándose velozmente del suelo y dándose la vuelta para ver quién le ha seguido. Al encontrarse ante el al hombre-gato con cara de susto se calma un poco, pero sin bajar la guardia. Tarda aún unos segundos en darse cuenta del motivo de su cara y cuando lo hace se cubre rápidamente con la camiseta.
-¿¡Quién eres!? -le pregunta nervioso-.
-Esto es raro hasta para mí... -son las únicas palabras con las que Namira alcanza a responder-.
Mark termina dejándose llevar por el miedo y echa a correr de nuevo tan rápido como su cansado cuerpo se lo permite tras recoger la caja de Panic Station del suelo y Namira sale de la alcantarilla y le sigue.
-¡Espera! -le pide corriendo tras él-.
Mark sigue corriendo hasta meterse por un callejon con la esperanza de que la luz en él sea menor para recuperar así la visibilidad y poder despistar mejor a su perseguidor. Namira entra en el callejón segundos más tarde que él e intenta buscarle con la mirada, pero no tiene luz suficiente para ver bien. Avanza por el pequeño callejón buscando atentamente entre cajas y desperdicios, pero no logra verle.
-Solo quiero saber que ha pasado ahí abajo -dice mientras se frena y levanta las manos-, no te haré nada.
No hay respuesta.
-La puerta estaba pechada -lo intenta de nuevo-, si no fuera por mi no habrías salido.
La silueta de una persona se levanta de entre las sombras y se para frente a Namira.
-¿Fuiste a salvarme? -pregunta con voz temblorosa-.
-Bueno -contesta tras un suspiro- es obvio que no, ni siquiera sé quien eres.
-¿Y que hacías allí?
-Curiosear
-¿Forzando puertas?
-Pues se ve que eso te ha venido bien -le responde relajando los brazos-.
-¿Cómo sé que puedo fiarme de ti?
-Porque si quisiese engañarte te hubiese dicho que si que fui a salvarte -hace una breve pausa-, ¿no?
-está bien -dice tras pensárselo-, pero tendrás que ayudarme.
-Claro, ¿qué necesitas?
El estómago de Mark ruge y Namira no puede evitar reírse.
-Comprendo, te llevaré a comer algo.
-Grac... -deja la frase a medias al ver a Namira bajándose los pantalones- ¿Qué...?
-¿Quieres ir así? -le pregunta deteniéndose-.
Mark se mira por un momento.
-Bueno...
Namira suelta una breve risotada mientras acaba de quitarse los pantalones y se los pasa. Mientras los coge al vuelo, Mark le observa sin nada entre boxers y zapatos.
-¿Y tú vas a ir así? -le pregunta-.
-Acabo de perseguir a un chico practicamente desnudo hasta un callejón oscuro, si alguien nos ve, dudo que pueda pensar ya peor.
Mark asiente y se pone sus pantalones. Acto seguido salen del callejón y Mark entrecierra los ojos por la luz mientras Namira se cruza de brazos.
-¿Te molesta la luz?
-Un poco -le responde sin ganas-.
-Vamos anda -le dice mientras comienza a caminar-, ya te acostumbrarás a la luz.
Mark le sigue y durante la caminata ambos se presentan y le explica a Namira todo lo pasado en las alcantarillas mostrándole tambien la caja.
-Lo siento -le dice Namira sin saber muy bien que más decir-.
Mark mira al suelo en lugar de responder y su acompañante siente impotencia al no poder hacer nada por él. Llegan al Scissor Happy y al entrar, Namira guía a Mark a su habitación. Una vez en esta rebusca en su armario y le pasa unos pantalones anchos negros y unos boxers.
-Cuando acabes de cambiarte avísame -le pide mientras sale y cierra la puerta-.
Tras salir se sienta junto a la puerta para esperar y Eola se acerca a verle y se queda embobada al encontrarselo sentado fuera de su cuarto en ropa interior.
-Tengo miedo a preguntar a que viene esto -dice tras unos instantes-.
-Es una historia un poco rara -le responde Namira-.
En ese momento se abre la puerta y aparece Mark vestido, calzado con unas chanclas y con los pantalones de Namira en la mano. Eola se queda mirándole hasta que se le escapa la risa.
-No sabía que habías ligado Nami -le dice aún entre risas-.
-Déjala -le comenta Namira a Mark, que no sabe como reaccionar-, es siempre así.
Despues de vestirse Namira, se sientan los tres en una de las mesas del local y ambos le cuentan todo lo ocurrido a Eola que les escucha atentamente.
-Ya veo, habría que informar de todo esto cuanto antes.
-No creo que haga falta en realidad -le contradice Namira-.
Tanto Eola como Mark centran en el su mirada al oírle.
-Vamos, ha sido una explosión considerable -se explica-, ya habrá gente investigándola.
-También es cierto -le apoya Eola recomodándose en su silla-, entonces solo queda estar atentos a las noticias, seguramente mañana ya digan algo. Oye -sigue tran una breve pausa- ¿y como es que tú no picabas también?
-Mi condición física no es muy buena -le responde sin ánimos-, supongo que por eso Vince me escondía, un esclavo más o un esclavo menos... ¿Quién iba a notarlo? -explica mientras baja la cabeza-.
-Ya veo...
-¿Y la caja? -pregunta Namira finalmente-.
-¿Caja?
-Ni idea -le responde Mark levantando la cabeza para mirarle a la cara-, a decir verdad todavía no la he abierto.
-¿Qué caja? -insiste Eola cruzándose de brazos-.
Namira mira a Mark mientras señala con el pulgar hacia su cuarto y este asiente con la cabeza, tras lo cual se levanta y se va dejando solos a Mark y Eola. Al cabo de un rato vuelve con la caja y la tira sobre la mesa mientras se sienta, dejando cara arriba el logo de Panic Station. Eola mira el logo con atención y Namira centra en ella su vista.
-¿Te suena de algo?
-¿Que si me suena? Conozco Panic Station, más de una vez le he hecho algún que otro encargo. Pero -prosigue mientras coje con una mano la caja y la observa atentamente- no entiendo como ha acabado algo suyo en las alcantarillas.
-Creo que buscaban esta caja -dice Mark-.
-No me creo que pueda estar relacionado con todo esto... -asegura soltando nuevamente la caja sobre la mesa-.
-¿Qué tipo de encargos hace? -le pregunta Namira-.
-Encuentra cosas -responde secamente-.
-¿Qué? -Namira no le entiende-.
-Si has perdido o te han robado algo y puedes pagar lo suficiente, lo encuentra y te lo devuelve.
-Un ladrón a sueldo, ¿no?
-No, suele informarse bien de que el pedido es válido, nunca roba la pertenencia de otra persona.
-¿Y crees que sabrá algo?
-Bueno... -se lo piensa- Todo es posible. Solo suele aceptar encargos por internet, pero quizá si vais de mi parte podais entrar y conseguir algo, os daré su dirección.
-Espero que valga para algo... -contesta Mark casi susurrando mientras vuelve a bajar la cabeza-.
martes, 30 de septiembre de 2014
Una luz en las sombras
13
Un nuevo día amanece en el Scissor Happy y un olor a café despierta a Namira, que se levanta de entre las sabanas de su cama con el pelo totalmente alborotado, ojeras, y únicamente vestido con unos boxers negros. Busca en una silla sus pantalones, los cuales se pone torpemente y casi cayéndose y su camiseta, que viste mientras sale de su habitación. Eola, que estaba en la barra con un vaso de café recién hecho al lado, lo oye y mira hacia las escaleras para verle bajar.
-Joder, que olfato -dice para sí-.
Una vez llega se agacha ante el vaso y observa un gran montón de azucar que llega hasta casi la mitad del vaso.
-Tiene cinco quilos, como a ti te gusta -le señala riendo-.
Entonces coge una cuchara y se apoya en la barra removiendo el café frente a la atenta mirada de Eola.
-¿Cómo te encuentras? -le pregunta seriamente-.
Namira la mira sin entender y tras unos segundos Eola se ríe de su confusión.
-Que te aproveche -le dice entre risas mientras se va-.
Namira la observa irse a su cuarto todavía sin comprender nada y finalmente se toma su café. Mientras, Eola se tumba en su cama, se estira y se acomoda, colocando una mano sobre su vientre, apoyando la cabeza en la otra y levantando una de las rodillas pisando con el pie el colchón. 'Al final la banda va a tener su inconveniente...' piensa. Mientras Namira se acaba su desayuno hace un recopilatorio mental de lo ocurrido últimamente y después de visualizar a varias personas recuerda el incidente del museo y decide preguntarle a Eola si había oído algo. Se levanta y se dirige a su cuarto, donde se sienta a su lado en cama.
-¿Ocurre algo? -le pregunta extrañada-.
-¿Has oído algo del museo?
-¿El robo? si, por lo visto se llevaron dos llaves.
-¿Llaves? -pregunta al acordarse de la que encontró-.
-Si, se ve que pertenecen a un juego de trece raras llaves. Fueron encontradas un unas antiguas ruinas de una generación perdida que bla bla bla... En resumen, no saben para que valen, solo tenían esas dos y siguen buscando las demás.
Namira se plantea si su llave será una de las dos llaves robadas, pero al no ocurrirsele cómo pudo llegar al callejón decide no contar nada hasta haber conseguido más información.
-¿Por? -le pregunta Eola-.
-¿Eh?
-Que por qué lo preguntas.
-Ah, curiosidad. Avísame si oyes algo más -le pide mientras se levanta y se va-.
-Nami -le frena justo antes de que cierre la puerta ya fuera-, la curiosidad mato al gato, no te metas en ningún lío.
Namira asiente y cierra la puerta mientras Eola se pregunta por sus intenciones y se ríe imaginándole, entre otras cosas, atracando un museo.
13
Un nuevo día amanece en el Scissor Happy y un olor a café despierta a Namira, que se levanta de entre las sabanas de su cama con el pelo totalmente alborotado, ojeras, y únicamente vestido con unos boxers negros. Busca en una silla sus pantalones, los cuales se pone torpemente y casi cayéndose y su camiseta, que viste mientras sale de su habitación. Eola, que estaba en la barra con un vaso de café recién hecho al lado, lo oye y mira hacia las escaleras para verle bajar.
-Joder, que olfato -dice para sí-.
Una vez llega se agacha ante el vaso y observa un gran montón de azucar que llega hasta casi la mitad del vaso.
-Tiene cinco quilos, como a ti te gusta -le señala riendo-.
Entonces coge una cuchara y se apoya en la barra removiendo el café frente a la atenta mirada de Eola.
-¿Cómo te encuentras? -le pregunta seriamente-.
Namira la mira sin entender y tras unos segundos Eola se ríe de su confusión.
-Que te aproveche -le dice entre risas mientras se va-.
Namira la observa irse a su cuarto todavía sin comprender nada y finalmente se toma su café. Mientras, Eola se tumba en su cama, se estira y se acomoda, colocando una mano sobre su vientre, apoyando la cabeza en la otra y levantando una de las rodillas pisando con el pie el colchón. 'Al final la banda va a tener su inconveniente...' piensa. Mientras Namira se acaba su desayuno hace un recopilatorio mental de lo ocurrido últimamente y después de visualizar a varias personas recuerda el incidente del museo y decide preguntarle a Eola si había oído algo. Se levanta y se dirige a su cuarto, donde se sienta a su lado en cama.
-¿Ocurre algo? -le pregunta extrañada-.
-¿Has oído algo del museo?
-¿El robo? si, por lo visto se llevaron dos llaves.
-¿Llaves? -pregunta al acordarse de la que encontró-.
-Si, se ve que pertenecen a un juego de trece raras llaves. Fueron encontradas un unas antiguas ruinas de una generación perdida que bla bla bla... En resumen, no saben para que valen, solo tenían esas dos y siguen buscando las demás.
Namira se plantea si su llave será una de las dos llaves robadas, pero al no ocurrirsele cómo pudo llegar al callejón decide no contar nada hasta haber conseguido más información.
-¿Por? -le pregunta Eola-.
-¿Eh?
-Que por qué lo preguntas.
-Ah, curiosidad. Avísame si oyes algo más -le pide mientras se levanta y se va-.
-Nami -le frena justo antes de que cierre la puerta ya fuera-, la curiosidad mato al gato, no te metas en ningún lío.
Namira asiente y cierra la puerta mientras Eola se pregunta por sus intenciones y se ríe imaginándole, entre otras cosas, atracando un museo.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Una luz en las sombras
12
De nuevo en el puente, rodeado de la oscuridad de la noche esta vez, Namira mira en su móvil, apoyado en la varandilla, las fotos de una joven pelirroja. Las va pasando una tras otra, atento en todas a la sonrisa de esta, hasta que un lejano estallido lo interrumpe. Se decide a ir e investigar el origen de este pero justo cuando está a punto de introducir el móvil en el bolsillo, este comienza a sonar. Entonces se lo lleva al oído y descuelga.
-¿Si?
-Namira -Oye la voz de Eola-, ¿dónde estás? El espectáculo va a empezar.
-Gracias por avisar -responde tras un breve silencio- voy enseguida.
Cuelga y se lo guarda en el bolsillo mientras se da la vuelta. Se detiene un segundo para mirar de nuevo en la dirección de la que vino el estallido y se encamina hacia el Scissor Happy.
Una vez ha llegado ve a la banda situada en una esquina del local y oye un rasgado de guitarra perdiendose en el eco. Echa un vistazo a la banda y ve que la chica de antes es la bateria. Se va hacia la barra y se sienta, recibido por Eola.
-¿Me he perdido mucho?
-Nah, un par de canciones, son muy buenos -le responde entusiasmada-.
Tras una oleada de aplausos y silbidos Jecht, el vocalista, hace unas señas y Kyra sube al escenario.
-Esta canción os viene como anillo al dedo a más de uno -habla Jecht- ¡espero que os guste!
Kyra se acerca al micrófono, empiezan a tocar Freakshow, de Skillet y la joven hace la presentación.
(traducción)
¡Step right up, ladies and gentlemen! ¡Un paso al frente, damas y caballeros!
Come and see Pasen y vean
Things your eyes won't believe! ¡Cosas que sus ojos no creerán!
Some say they are aliens Algunos dicen que son aliens
Some say they are stranger Algunos dicen que son más raros
Some say they are not of this world Algunos dicen que no son de este mundo
We will not conform to the madness, No nos ajustaremos a la locura
Whether they scorn or whether they attack us Si nos desprecian o si nos atacan
Come one, come all Ven uno, venid todos
Welcome to the Freakshow! ¡Bienvenidos al circo de monstruos!
Tan pronto como acaba, le pasa el micrófono a Jecht.
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Step up, status quo Subid, status quo
Hope you enjoyed the ride Espero que disfrutaseis el paseo
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We got horns and halos Tenemos cuernos y halos
We ain't afraid and ain't buying a lie No estamos asustados y no estamos
comprando una mentira
Eat it, drink it, think it, be it, breathe it Comedlo, bebedlo, pensadlo, sedlo, respiradlo
Guess you don't even know who I am Supongo que ni siquiera sabes quién soy
I don't believe it, need it, see it, be it, breed it No lo creo, lo necesito, lo veo, lo soy, lo crío
Time to make my final stand Hora de hacer mi última parada
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
This is where the freaks go Esto es donde vienen los raros
This is the place that they can never take away Este es el lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We don't ever need no Ni siquiera necesitamos a
One to tell us who to be, how to think Nadie que nos diga quien ser, como pensar
I don't care what they believe No me importa lo que piensen
Oh, oh, oh Oh, oh, oh
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Welcome to the outcast Bienvenidos al marginado
Take a step across the tracks Da un paso a traves de la pistas
We ain't got nothing to prove No tenemos nada que demostrar
Don't need your smiling face No necesitamos tu cara sonriente
Don't need your head to shake No necesitamos que movais vuestras cabezas
'Cause it's my life to live and I ain't living for you Porque es mi vida y no la estoy viviendo para
vosotros
Eat it, drink it, think it, be it, breathe it Comedlo, bebedlo, pensadlo, sedlo, respiradlo
Guess you don't even know who I am Supongo que ni siquiera sabeis quién soy
I don't believe it, need it, see it, be it, breed it No lo creo, lo necesito, lo veo, lo soy, lo crío
Time to make my final stand Hora de hacer mi última parada
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
This is where the freaks go Esto es donde lor raros vienen
This is the place that they can never take away Este es el lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We don't ever need no Ni siquiera necesitamos a
One to tell us who to be, how to think Alguien que nos diga quién ser, como pensar
I don't care what they believe No me importa lo que crean
Oh, oh, oh Oh, oh, oh
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
I'm a freak, naturally Soy un raro, naturalmente
Just how I want to be Simplemente como quiero ser
You're a freak just like me Tu eres un raro, justo como yo
I'm a freak naturally Soy un raro, naturalmente
Just how I want to be Simplemente como quiero ser
You're a freak just like me Tu eres un raro, justo como yo
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
This is where the freaks go Aquí es donde los raros van
This is the place that they can never take away Este es el lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We don't ever need no Ni siquiera necesitamos a
One to tell us who to be, how to think Nadie que nos diga quién ser, como pensar
I don't care what they believe No me importa lo que crean
Freakshow, Freakshow Circo de los monstruos, circo de los monstruos
The place that they can never take away El lugar que nunca nos podrán quitar
Freakshow, Freakshow Circo de los monstruos, circo de los monstruos
The place that they can never take away El lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Una nueva oleada de alabanzas inundó el local y Namira no pudo evitar sonreír.
-Tenías razón -le dice a Eola-, son buenos.
12
De nuevo en el puente, rodeado de la oscuridad de la noche esta vez, Namira mira en su móvil, apoyado en la varandilla, las fotos de una joven pelirroja. Las va pasando una tras otra, atento en todas a la sonrisa de esta, hasta que un lejano estallido lo interrumpe. Se decide a ir e investigar el origen de este pero justo cuando está a punto de introducir el móvil en el bolsillo, este comienza a sonar. Entonces se lo lleva al oído y descuelga.
-¿Si?
-Namira -Oye la voz de Eola-, ¿dónde estás? El espectáculo va a empezar.
-Gracias por avisar -responde tras un breve silencio- voy enseguida.
Cuelga y se lo guarda en el bolsillo mientras se da la vuelta. Se detiene un segundo para mirar de nuevo en la dirección de la que vino el estallido y se encamina hacia el Scissor Happy.
Una vez ha llegado ve a la banda situada en una esquina del local y oye un rasgado de guitarra perdiendose en el eco. Echa un vistazo a la banda y ve que la chica de antes es la bateria. Se va hacia la barra y se sienta, recibido por Eola.
-¿Me he perdido mucho?
-Nah, un par de canciones, son muy buenos -le responde entusiasmada-.
Tras una oleada de aplausos y silbidos Jecht, el vocalista, hace unas señas y Kyra sube al escenario.
-Esta canción os viene como anillo al dedo a más de uno -habla Jecht- ¡espero que os guste!
Kyra se acerca al micrófono, empiezan a tocar Freakshow, de Skillet y la joven hace la presentación.
(traducción)
¡Step right up, ladies and gentlemen! ¡Un paso al frente, damas y caballeros!
Come and see Pasen y vean
Things your eyes won't believe! ¡Cosas que sus ojos no creerán!
Some say they are aliens Algunos dicen que son aliens
Some say they are stranger Algunos dicen que son más raros
Some say they are not of this world Algunos dicen que no son de este mundo
We will not conform to the madness, No nos ajustaremos a la locura
Whether they scorn or whether they attack us Si nos desprecian o si nos atacan
Come one, come all Ven uno, venid todos
Welcome to the Freakshow! ¡Bienvenidos al circo de monstruos!
Tan pronto como acaba, le pasa el micrófono a Jecht.
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Step up, status quo Subid, status quo
Hope you enjoyed the ride Espero que disfrutaseis el paseo
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We got horns and halos Tenemos cuernos y halos
We ain't afraid and ain't buying a lie No estamos asustados y no estamos
comprando una mentira
Eat it, drink it, think it, be it, breathe it Comedlo, bebedlo, pensadlo, sedlo, respiradlo
Guess you don't even know who I am Supongo que ni siquiera sabes quién soy
I don't believe it, need it, see it, be it, breed it No lo creo, lo necesito, lo veo, lo soy, lo crío
Time to make my final stand Hora de hacer mi última parada
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
This is where the freaks go Esto es donde vienen los raros
This is the place that they can never take away Este es el lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We don't ever need no Ni siquiera necesitamos a
One to tell us who to be, how to think Nadie que nos diga quien ser, como pensar
I don't care what they believe No me importa lo que piensen
Oh, oh, oh Oh, oh, oh
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Welcome to the outcast Bienvenidos al marginado
Take a step across the tracks Da un paso a traves de la pistas
We ain't got nothing to prove No tenemos nada que demostrar
Don't need your smiling face No necesitamos tu cara sonriente
Don't need your head to shake No necesitamos que movais vuestras cabezas
'Cause it's my life to live and I ain't living for you Porque es mi vida y no la estoy viviendo para
vosotros
Eat it, drink it, think it, be it, breathe it Comedlo, bebedlo, pensadlo, sedlo, respiradlo
Guess you don't even know who I am Supongo que ni siquiera sabeis quién soy
I don't believe it, need it, see it, be it, breed it No lo creo, lo necesito, lo veo, lo soy, lo crío
Time to make my final stand Hora de hacer mi última parada
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
This is where the freaks go Esto es donde lor raros vienen
This is the place that they can never take away Este es el lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We don't ever need no Ni siquiera necesitamos a
One to tell us who to be, how to think Alguien que nos diga quién ser, como pensar
I don't care what they believe No me importa lo que crean
Oh, oh, oh Oh, oh, oh
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
I'm a freak, naturally Soy un raro, naturalmente
Just how I want to be Simplemente como quiero ser
You're a freak just like me Tu eres un raro, justo como yo
I'm a freak naturally Soy un raro, naturalmente
Just how I want to be Simplemente como quiero ser
You're a freak just like me Tu eres un raro, justo como yo
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
This is where the freaks go Aquí es donde los raros van
This is the place that they can never take away Este es el lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
We don't ever need no Ni siquiera necesitamos a
One to tell us who to be, how to think Nadie que nos diga quién ser, como pensar
I don't care what they believe No me importa lo que crean
Freakshow, Freakshow Circo de los monstruos, circo de los monstruos
The place that they can never take away El lugar que nunca nos podrán quitar
Freakshow, Freakshow Circo de los monstruos, circo de los monstruos
The place that they can never take away El lugar que nunca nos podrán quitar
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Welcome to the Freakshow Bienvenidos al circo de los monstruos
Una nueva oleada de alabanzas inundó el local y Namira no pudo evitar sonreír.
-Tenías razón -le dice a Eola-, son buenos.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Una luz en las sombras.
11
Ambos se observan sin tan siquiera pestañear y el mundo a su alrededor deja de existir, pero no durante el tiempo suficiente, ya que de pronto alguien empuja a Namira para apartarlo y este reacciona girándose hacia el. Al hacerlo ve un pequeño grupo de gente en su misma dirección y entre ellos, una joven pelirroja que lanza una fría mirada a Namira en el momento en que pasa por su lado. El joven la sigue de reojo mientras siente como si se le helara la sangre. Un silencio sepulcral invade su mente y solo la chica es alcanzada por sus ojos, hasta que una leve voz resuena en su cabeza.
-Gato -escucha de pronto alto y claro, volviendo al mundo-.
Se gira de nuevo hacia Kyra, que le observa con atención y tras pensarselo unos segundos, le brinda una pequeña sonrisa.
-Tengo que ir a hacer algo -se despide de ella- ya nos veremos chica del puente.
Se despide con la mano mientras se aleja hasta alcanzar la puerta de salida y la cruza tan rápido como muere su sonrisa.
Bajo el suelo, mientras tanto, un gran grupo golpea con sus picos contra la dura roca una y otra vez, todos protegidos con mascaras de gas y entre ellos, Vince. A unos metros un guardia armado vigila atentamente que todos hagan su trabajo. Entre golpe y golpe el más cercano Vince se le acerca para hablar.
-Ten cuidado -le dice secamente-.
Vince le mira sin comprender.
-Se rumorea que se les ha perdido algo -le comenta mirando disimuladamente al guardia- y todos sabemos quien es aquí el basurero -prosigue mirándole de nuevo a él-.
-Gracias -responde sin molestarse demasiado-.
Minutos más tarde, ya con la antorcha en mano hace de nuevo la ruta hasta su pequeño hogar, buscando entre desperdicios algo interesante que llevarse. Al agacharse para recoger unas revistas oye a varias personas acercarse y se pone de nuevo en pie rápidamente acelerando el paso. El ritmo de las pisadas acelera tambien y Vince visualiza rápidamente la puerta de su pequeño hogar. Da un último acelerón sin llegar a cruzar la fina linea entre andar rápido y correr y abre la puerta viendo a Mark que le recibe ante esta. Apenas abre la boca y Vince le interrumpe.
-Al escondite -le ordena-.
Mark hace amago de ir a preguntar lo que ocurre pero Vince lo interrumpe de nuevo.
-¡Ya! -le exige casi gritando-.
Entonces le hace caso metiéndose rápidamente en el dormitorio y cerrando la puerta. Vince mientras tanto espera en la puerta unos instantes hasta que nota que sus perseguidores se han detenido ya tras él. Gira ligeramente la cabeza y mira de reojo para observar a dos hombres armados con pistolas.
-Ocurre algo? -pregunta tratando de parecer calmado-.
-No finjas payaso -le dice en tono de burla uno de los hombres- un inocente no corre tanto, ¿no crees?
-Danos lo que buscamos y no pasará nada -advierte el otro-.
Vince, que no sabe ni de que hablan, se hacerca a una mesilla buscando en esta cualquier cosa que pueda ayudarle. Tras abrir el segundo cajón agarra un puñado de hojas arrancadas de revistas con la mano libre, sujetando aún la antorcha con la otra. Se da la vuelta rápidamente lanzándoles a la altura de la cara las hojas y golpeando luego a uno de ellos en el abdomen con la antorcha aún encendida. Su rival es empujado hacia atrás por el golpe dejando un hueco en la puerta mientras su ropa empieza a arder y Vince aprovecha para correr a traves de este y huir. El otro matón trata de agarrarlo en el instante que pasa por su lado pero no lo consigue a tiempo y sale a correr tras él mientras su compañero trata desesperadamente de apagar el fuego. Durante la carrera Vince divisa la puerta de salida del lugar, como siempre vigilada por un par de guardias y decide lanzarse de perdidos al río. Tan pronto se acerca los hombres preparan sus armas y con pocas esperanzas y gran miedo en el cuerpo lanza la antorcha sobre sus cabezas a modo de distracción, avanza un poco más, patea el suelo lanzandoles algo de agua a la cara para distraerlos duranto unos segundos más y alcanza la puerta. Pero justo cuando creía estar por fin salvado, la puerta no se abre. Su corazón se acelera junto con su respiración, se deja caer de rodillas en el suelo y cierra sus ojos.
11
Ambos se observan sin tan siquiera pestañear y el mundo a su alrededor deja de existir, pero no durante el tiempo suficiente, ya que de pronto alguien empuja a Namira para apartarlo y este reacciona girándose hacia el. Al hacerlo ve un pequeño grupo de gente en su misma dirección y entre ellos, una joven pelirroja que lanza una fría mirada a Namira en el momento en que pasa por su lado. El joven la sigue de reojo mientras siente como si se le helara la sangre. Un silencio sepulcral invade su mente y solo la chica es alcanzada por sus ojos, hasta que una leve voz resuena en su cabeza.
-Gato -escucha de pronto alto y claro, volviendo al mundo-.
Se gira de nuevo hacia Kyra, que le observa con atención y tras pensarselo unos segundos, le brinda una pequeña sonrisa.
-Tengo que ir a hacer algo -se despide de ella- ya nos veremos chica del puente.
Se despide con la mano mientras se aleja hasta alcanzar la puerta de salida y la cruza tan rápido como muere su sonrisa.
Bajo el suelo, mientras tanto, un gran grupo golpea con sus picos contra la dura roca una y otra vez, todos protegidos con mascaras de gas y entre ellos, Vince. A unos metros un guardia armado vigila atentamente que todos hagan su trabajo. Entre golpe y golpe el más cercano Vince se le acerca para hablar.
-Ten cuidado -le dice secamente-.
Vince le mira sin comprender.
-Se rumorea que se les ha perdido algo -le comenta mirando disimuladamente al guardia- y todos sabemos quien es aquí el basurero -prosigue mirándole de nuevo a él-.
-Gracias -responde sin molestarse demasiado-.
Minutos más tarde, ya con la antorcha en mano hace de nuevo la ruta hasta su pequeño hogar, buscando entre desperdicios algo interesante que llevarse. Al agacharse para recoger unas revistas oye a varias personas acercarse y se pone de nuevo en pie rápidamente acelerando el paso. El ritmo de las pisadas acelera tambien y Vince visualiza rápidamente la puerta de su pequeño hogar. Da un último acelerón sin llegar a cruzar la fina linea entre andar rápido y correr y abre la puerta viendo a Mark que le recibe ante esta. Apenas abre la boca y Vince le interrumpe.
-Al escondite -le ordena-.
Mark hace amago de ir a preguntar lo que ocurre pero Vince lo interrumpe de nuevo.
-¡Ya! -le exige casi gritando-.
Entonces le hace caso metiéndose rápidamente en el dormitorio y cerrando la puerta. Vince mientras tanto espera en la puerta unos instantes hasta que nota que sus perseguidores se han detenido ya tras él. Gira ligeramente la cabeza y mira de reojo para observar a dos hombres armados con pistolas.
-Ocurre algo? -pregunta tratando de parecer calmado-.
-No finjas payaso -le dice en tono de burla uno de los hombres- un inocente no corre tanto, ¿no crees?
-Danos lo que buscamos y no pasará nada -advierte el otro-.
Vince, que no sabe ni de que hablan, se hacerca a una mesilla buscando en esta cualquier cosa que pueda ayudarle. Tras abrir el segundo cajón agarra un puñado de hojas arrancadas de revistas con la mano libre, sujetando aún la antorcha con la otra. Se da la vuelta rápidamente lanzándoles a la altura de la cara las hojas y golpeando luego a uno de ellos en el abdomen con la antorcha aún encendida. Su rival es empujado hacia atrás por el golpe dejando un hueco en la puerta mientras su ropa empieza a arder y Vince aprovecha para correr a traves de este y huir. El otro matón trata de agarrarlo en el instante que pasa por su lado pero no lo consigue a tiempo y sale a correr tras él mientras su compañero trata desesperadamente de apagar el fuego. Durante la carrera Vince divisa la puerta de salida del lugar, como siempre vigilada por un par de guardias y decide lanzarse de perdidos al río. Tan pronto se acerca los hombres preparan sus armas y con pocas esperanzas y gran miedo en el cuerpo lanza la antorcha sobre sus cabezas a modo de distracción, avanza un poco más, patea el suelo lanzandoles algo de agua a la cara para distraerlos duranto unos segundos más y alcanza la puerta. Pero justo cuando creía estar por fin salvado, la puerta no se abre. Su corazón se acelera junto con su respiración, se deja caer de rodillas en el suelo y cierra sus ojos.
martes, 9 de septiembre de 2014
Una luz en las sombras
10
En un ambiente menos animado, mientras tanto, alguien abre sus ojos perezosamente, se mira como si le faltase algo y da un gran bostezo.
-¿Mark? -pregunta vagamente mientras se sienta-.
No obtiene respuesta alguna.
-¿Mark? -insiste com más ganas-.
-¿Qué? -le responde desde otra sala una agradable voz-.
Se levanta y se arrima a la puerta, desde donde ve a su compañero todavía semidesnudo colocando un plato algo roto en una mesa de madera.En el plato hay lo que parece ser un trozo de carne algo chamuscada.
-¿Sigues así? -le pregunta-.
-¿Tanto te molesta? -le replica Mark- Ni que vieras nada nuevo.
Vince suelta un pequeño bufido, se sienta a la mesa y coje la carne con las manos para ponerse a comer.
-¡Oye! Ahora respóndeme -le exige molesto-.
-Porque me distraes -dice sin parar de comer-.
Mark se queda unos instantes mirándole y lluego ríe brevemente.
-Pues ya me dirás de que te distraigo -le comenta sonriente-.
Vince termina la comida,se levanta y se limpia las manos con un trapo.Acto seguido se da la vuelta hacia la puerta y Mark se le planta enfrente, pasando sus brazos alrededor de su cuello y acercándose a el.
-Aún tienes un rato antes de irte... ¿no? -le susurra-.
Vince le mira a los ojos en silencio y Mark, sonriente, se acerca a su boca lentamente hasta besarle dulcemente. Las manos de Vince se mueven casi por si mismas hasta la cintura de Mark y el beso se intensifica. Sus latidos se aceleran y marcan el ritmo del baile entre sus lenguas hasta que se detienen y separan poco a poco el uno del otro. Mark deja sonar una leve y pícara risa justo antes de deslizar sus manos desde su cuello hasta sus manos para agarrarlas y llevarselo hasta otra sala.
Horas más tarde la puerta del Scissor Happy se abre y Jecht y Kyra entran.Echan un vistazo a la clientela del lugar y Kyra se queda algo perpleja.
-Son buena gente -le comenta su padre al verle la cara-, quizá te caigan bien.
Kyra cruza los brazos agarrando cada codo con la mano contraria y entra en el local tras su padre.Se acercan a la barra y Jecht saluda enérgicamente a Eola.
-Desde luego no falta nadie -le suelta entre risas-.
-Todos están esperando por la música -le responde Eola apoyada en la barra-.
-Me alaga saberlo.
Mientras hablan Kyra decide moverse por el bar observando a cada cliente hasta que detiene su vista en una persona en concreto sentada en el suelo con una libreta. El individuo en cuestión baja el cuaderno y mira a Kyra.
-¿Gato? -pregunta incrédula-.
-¿La del puente? -pregunta Namira en respuesta-.
Ambos se miran durante unos segundos hasta que Namira reacciona arrancando rápidamente la hoja que estaba utilizando y la tira a una esquina, quedando oculta tras un mueble.
-No esperaba verte aquí -le dice mientras se levanta- de hecho,no esperaba verte de nuevo.
La chica lo mira sin saber muy bien que responder y Namira acaba por quedarse mirándola con la misma inexpresión que ella.
-¿Pasa algo?
-No... -le contesta vagamente-.
-Vale -dice poco convencido tras unos segundos-.
Kyra aparta la mirada hacia la clientela y Namira la observa de arriba a abajo mientras tanto.La joven viste un vestido negro y largo bastante simple pero elegante, sujeto solo en su hombro izquierdo, calza unos zapatos de pequeño tacón del mismo color y su pelo, que normalmente está recogido, está ahora suelto, pero todavía con un mechón delante de su cara.
-Oye.
Namira la mira a los ojos.
-¿Tu... encajas aquí?
Namira se queda embobado por la pregunta y rompe a reír y Kyra,al verlo,desenlaza sus brazos.
-¿Que...?
-Mira bien anda -la interrumpe aun riendo-, aquí encaja cualquiera que quiera hacerlo.
-¿Cualquiera? -pregunta mirando de nuevo a su alrededor-.
-Cualquiera que quiera y se acepte como es -le dice acercándose sonriente-.
Entonces Kyra junta sus manos delante de su cuerpo y levanta la cabeza provocando que el mechón que cubría su cara caiga dejándola al descubierto. Luego de esto baja de nuevo la cabeza y mira fijamente a Namira, que se queda sin palabras.
10
En un ambiente menos animado, mientras tanto, alguien abre sus ojos perezosamente, se mira como si le faltase algo y da un gran bostezo.
-¿Mark? -pregunta vagamente mientras se sienta-.
No obtiene respuesta alguna.
-¿Mark? -insiste com más ganas-.
-¿Qué? -le responde desde otra sala una agradable voz-.
Se levanta y se arrima a la puerta, desde donde ve a su compañero todavía semidesnudo colocando un plato algo roto en una mesa de madera.En el plato hay lo que parece ser un trozo de carne algo chamuscada.
-¿Sigues así? -le pregunta-.
-¿Tanto te molesta? -le replica Mark- Ni que vieras nada nuevo.
Vince suelta un pequeño bufido, se sienta a la mesa y coje la carne con las manos para ponerse a comer.
-¡Oye! Ahora respóndeme -le exige molesto-.
-Porque me distraes -dice sin parar de comer-.
Mark se queda unos instantes mirándole y lluego ríe brevemente.
-Pues ya me dirás de que te distraigo -le comenta sonriente-.
Vince termina la comida,se levanta y se limpia las manos con un trapo.Acto seguido se da la vuelta hacia la puerta y Mark se le planta enfrente, pasando sus brazos alrededor de su cuello y acercándose a el.
-Aún tienes un rato antes de irte... ¿no? -le susurra-.
Vince le mira a los ojos en silencio y Mark, sonriente, se acerca a su boca lentamente hasta besarle dulcemente. Las manos de Vince se mueven casi por si mismas hasta la cintura de Mark y el beso se intensifica. Sus latidos se aceleran y marcan el ritmo del baile entre sus lenguas hasta que se detienen y separan poco a poco el uno del otro. Mark deja sonar una leve y pícara risa justo antes de deslizar sus manos desde su cuello hasta sus manos para agarrarlas y llevarselo hasta otra sala.
Horas más tarde la puerta del Scissor Happy se abre y Jecht y Kyra entran.Echan un vistazo a la clientela del lugar y Kyra se queda algo perpleja.
-Son buena gente -le comenta su padre al verle la cara-, quizá te caigan bien.
Kyra cruza los brazos agarrando cada codo con la mano contraria y entra en el local tras su padre.Se acercan a la barra y Jecht saluda enérgicamente a Eola.
-Desde luego no falta nadie -le suelta entre risas-.
-Todos están esperando por la música -le responde Eola apoyada en la barra-.
-Me alaga saberlo.
Mientras hablan Kyra decide moverse por el bar observando a cada cliente hasta que detiene su vista en una persona en concreto sentada en el suelo con una libreta. El individuo en cuestión baja el cuaderno y mira a Kyra.
-¿Gato? -pregunta incrédula-.
-¿La del puente? -pregunta Namira en respuesta-.
Ambos se miran durante unos segundos hasta que Namira reacciona arrancando rápidamente la hoja que estaba utilizando y la tira a una esquina, quedando oculta tras un mueble.
-No esperaba verte aquí -le dice mientras se levanta- de hecho,no esperaba verte de nuevo.
La chica lo mira sin saber muy bien que responder y Namira acaba por quedarse mirándola con la misma inexpresión que ella.
-¿Pasa algo?
-No... -le contesta vagamente-.
-Vale -dice poco convencido tras unos segundos-.
Kyra aparta la mirada hacia la clientela y Namira la observa de arriba a abajo mientras tanto.La joven viste un vestido negro y largo bastante simple pero elegante, sujeto solo en su hombro izquierdo, calza unos zapatos de pequeño tacón del mismo color y su pelo, que normalmente está recogido, está ahora suelto, pero todavía con un mechón delante de su cara.
-Oye.
Namira la mira a los ojos.
-¿Tu... encajas aquí?
Namira se queda embobado por la pregunta y rompe a reír y Kyra,al verlo,desenlaza sus brazos.
-¿Que...?
-Mira bien anda -la interrumpe aun riendo-, aquí encaja cualquiera que quiera hacerlo.
-¿Cualquiera? -pregunta mirando de nuevo a su alrededor-.
-Cualquiera que quiera y se acepte como es -le dice acercándose sonriente-.
Entonces Kyra junta sus manos delante de su cuerpo y levanta la cabeza provocando que el mechón que cubría su cara caiga dejándola al descubierto. Luego de esto baja de nuevo la cabeza y mira fijamente a Namira, que se queda sin palabras.
lunes, 8 de septiembre de 2014
Una luz en las sombras
9
Mientras tanto, algunas preguntas más irrelevantes suenan en la cabeza de Namira al otro lado del puente. "¿Donde se ha ido Wildcat?". Tras unos minutos de camino buscando a su amigo con la mirada, esta se posa casualmente en una tapa de alcantarilla y en un impulso de curiosidad decide intentar buscar algún rastro de lo que el otro día no pudo. Se acerca a la tapa, la abre tan silenciosamente como puede y se dispone a entrar. A su vez, algo lejos, un par de ratas se mueven en la oscuridad de la alcantarilla peleándose por un pedazo de algo que aparenta ser un animal muerto hasta que unas pequeñas ondas se forman en el agua a sus pies y salen corriendo. Alguien camina encorvado a la luz de una antorcha, acompañado únicamente por su sombra. Tanto su boca como su nariz van tapadas por una máscara de gas de un color verde oscuro pálido, mientras que sus ojos marrones, apenas abiertos lo suficiente para ver, son únicamente eclipsados por un flequillo marrón oscuro dividido en dos. El resto de su pelo forma una abultada y enmarañada coleta alta. Viste una camisa abierta de un verde algo mas intenso pero oscuro con las mangas rotas y una camiseta castaña llena de manchas por debajo junto con unos pantalones grises anchos hasta la mitad de la tibia y unos zapatones negros muy desgastados. En su mano izquierda sujeta una antorcha con la que ilumina su camino, mientras que la derecha, cuyo brazo esta lleno de relojes viejos de distintas clases, la mantiene guardada en el bolsillo del pantalón. Detiene su avance, saca la mano derecha del bolsillo y se agacha para cojer algo del suelo. Lo levanta aún empapado y goteando a la altura de la cara y obserba lo que es. Al ver que no es mas que una revista la tira de nuevo, da un par de pasos y se agacha para cojer otra cosa. Un balón pinchado. Lo tira de nuevo. Repite el proceso un par de veces hasta que coje una especie de caja metálica. La limpia un poco contra su camiseta y vuelve a verla de cerca. Quitada la mugre puede leerse una inscripción, "Panic Station". La sujeta con el brazo contra el cuerpo mientras vuelve a meter la mano en el bolsillo y sigue su camino.
En ese momento, en otro lugar no muy lejos, un joven observa, tumbado en un sofa destrozado, el goteo de una cañería rota en el techo, casi sincronizado con el tic tac de un antiguo reloj de péndulo que descansa en la misma pequeña y cochambrosa sala. El joven tiene una pequeña melena castaña a juego con sus ojos, de los cuales bajo el izquierdo, hay una mancha morada que podría ser un moratón. La vestimenta del chico se limita a una camiseta roja de manga corta increiblemente holgada que le cubre hasta las pantorrillas. Cada gota que golpea el suelo ante sus ojos se convierte rápidamente en una pregunta más en su cabeza. Tantas cosas que querría saber y tan pequeño el mundo en el que está encerrado. Cada nueva pregunta le hace pensar de nuevo en todo lo que hará cuando logre salir y volver a ver el mundo, pero poco a poco esta esperanza se va desvaneciendo como cada día. De pronto el sonido de una puerta abriéndose lo saca de sus pensamientos y se levanta rápidamente para ir hacia esta mientras sus esperanzas se reavivan. El hombre de las alcantarillas tira la antorcha apagada, de mala gana, en el suelo de la habitación, malamente iluminada por un par de bombillas.
-¿¡Alguna novedad!? -pregunta el joven entusiasmado-.
El recién llegado cierra la puerta con el pie mientras le tiende la caja metálica sin decir nada. El chico la coje y se queda mirándola mientras su compañero se mueve por el lugar.
-¿Qué es? -pregunta confuso-.
-No lo se -responde fríamente su compañero-.
Desilusionado, deja la caja en un rincón y tras una breve pausa, el hombre vuelve a hablar desde otra sala.
-¿No deberías ponerte algo más?
-Pero es que aquí hace calor. . y así estoy más cómodo -le responde-.
-Bueno. . -entra nuevamente en la sala sin la máscara dejando a la vista la cara seria de un adolescente, no mucho más viejo que su acompañante- allá tú -se tumba bocaarriba en el sofá en el que estaba antes la otra persona e intenta acomodarse-.
El joven camina lentamente hasta el sofá y se sienta sobre la cintura de su compañero, con una pierna a cada lado y las manos sobre su pecho.
-Estoy cansado -se queja este-.
-Perdón. . -se disculpa el chico en un tono apagado y tras un breve silencio, habla de nuevo- Vince. . ¿Saldremos de aquí algún día?
Pasan unos segundos antes de que Vince conteste.
-Quién sabe.
Desilusionado por la respuesta, se deja caer sobre su pecho, se abraza a el y cierra los ojos. Vince duda un momento de que hacer, pero al final lo abraza con un brazo y se pierde en sus pensamientos sin quitarle la vista de encima.
Namira, que por su parte avanzó por las alcantarillas, se mantiene a sí mismo convencido de seguir avanzando a pesar de la peste que llena el lugar. Oye de pronto un ruido e inmediatamente se pone en guardia volteandose sobresaltado hacia la procedencia del sonido y relaja todo su cuerpo de nuevo al ver nada más que unas ratas corriendo de un lado a otro.
-Que irónico... -susurra para sí tras un suspiro-.
-Seguro que no se te habrá caído dentro? -se oye una voz de fondo a cierta distancia-.
Dos desconocidos caminan buscando con la vista en el suelo y una antorcha cada uno. Sus ojos se mueven rápido pero parecen no alcanzar nunca su objetivo.
-Ya he mirado dentro, ¡pesado! Si se me hubiese caído dentro ya la habría encontrado -se queja en resspuesta uno de ellos-.
-Eso te pasa por imbécil, no era tan difícil tener cuidado, solo era una puta caja.
-¿La habrá cogido alguien?
-Ya, claro, ¿quién? Aquí no hay nadie.
-¿Y dentro?
Ambos se frenan, se miran mutuamente y se dan media vuelta.Cuando ya se han alejado lo suficiente, Namira se levanta de un rincón oscuro en el cual su ropa se mimetizaba y da sigilosamente un par de pasos mirando hacia los hombres.
-¡Jackpot! -exclama en un susurro mientras suelta una pequeña risotada-.
Entonces se decide a seguirles cuidadosamente, confiando en haber encontrado lo que buscaba. Tras un buen rato siguiéndoles ve como sacan de unas pequeñas mochilitas una especie de máscaras de gas, se las ponen y acto seguido, desaparecen en un pequeño callejón a su derecha. Sorprendido, se asoma al callejón y observa como tras este una pequeña puerta metálica corta el paso. Piensa en las ganzúas que suele llevar encima por un momento, pero el motivo de las máscaras le echa para atrás antes de cometer ninguna estupidez y decepcionado, vuelve por donde ha venido.
Es en ese momento en el cual Kyra llega a su casa, preocupada por que escusa podría darle a su padre. Tan pronto entra cierra la puerta y la voz de Jecht la altera.
-Hola pequeña -la saluda enérgicamente apareciendo ante ella con una sonrisa- ¿Qué tal en clase?
Al notar que su padre no se habia dado cuenta de nada, decide callarse y seguirle el rollo.
-Bien, como siempre -le responde mientras va lo más directamente posible hacia su habitación pasando de largo ante él-.
-Que prisas -dice para si mientras la ve irse-.
Una vez en su habitación, la joven se quita de encima la mochila y la apoya en el suelo contra la cama. Acto seguido se va al cuarto de baño para encararse nuevamente al espejo y se aparta el flequillo de la cara dejando visible su ojo derecho. Se mira fijamente mientras se pregunta como tantas otras veces donde podría encajar pero, esta vez, una segunda pregunta cruza su mente. "¿Y él?". La voz de Jecht la saca entonces de sus pensamientos llamándola para comer y ella, tras recolocarse el flequillo, abre la puerta de su habitación y sale de esta mientras otra puerta se cierra en el Scissor Happy tras haber entrado Namira.
-Ya iba siendo hora de que llegases -comenta Eola-.
Namira mira hacia la barra y ve a un par de clientes, a Eola tras esta y a Wildcat encima maullando.
-Ha estado esperándote -dice mientras lo acaricia-.
-Mira que es cariñoso -dice entre risas una clienta-.
-Y un poco capullo... -susurra para sí-.
-¿Qué?
-Que qué haceis tan pronto aquí -cambia de tema mientras se dirige a la barra-.
-Ah -se dispone la mujer a responder-, hemos oído lo de que ha contratado a un grupo y queríamos verlo.
-Si viene a la noche -comenta Namira-.
-No nos culpes por ser impacientes -le contesta frunciendo el ceño-.
-Con haber venido a la hora de siempre os llegaba -dice sonriente mientras se sienta a su lado y apoya los codos en la barra-.
-Ya bueno, hoy teníamos el día libre así que -le sonríe-.
-Pues aún os falta por esperar -le devuelve la sonrisa y se gira hacia Eola-.Bueno... -dice alargando la 'e'- ¿y que hay de comer?
-Eso Eola -comenta otro de los clientes-, ¿que hay de comer?
-Tu a callar -ríe levemente mientras mira hacia la persona en cuestión- para ti no es gratis, y no tienes pinta de poder pagarme nada.
-¿Qué insinuas? -dice frunciendo el ceño-.
-Que eres un puto vago, se sincero -se acerca a su cara mirandolo fijamente-, no tienes el día libre, a ti te han despedido por no hacer nada.
Ambos se quedan observando al otro durante unos segundos con una expresión seria en la cara, mientras los demás clientes y Namira hacen poco más que de público, contemplando la escena sin perder el más minimo detalle. Tras unos segundos así, los labios del cliente empiezan a temblar y de pronto una risa escapa de su boca, comenzando a reírse todos con él.
-¿Se reirá algún día Eola primero? -pregunta la clienta de antes-.
-Lo dudo mucho -le responde Namira aún riéndose-.
9
Mientras tanto, algunas preguntas más irrelevantes suenan en la cabeza de Namira al otro lado del puente. "¿Donde se ha ido Wildcat?". Tras unos minutos de camino buscando a su amigo con la mirada, esta se posa casualmente en una tapa de alcantarilla y en un impulso de curiosidad decide intentar buscar algún rastro de lo que el otro día no pudo. Se acerca a la tapa, la abre tan silenciosamente como puede y se dispone a entrar. A su vez, algo lejos, un par de ratas se mueven en la oscuridad de la alcantarilla peleándose por un pedazo de algo que aparenta ser un animal muerto hasta que unas pequeñas ondas se forman en el agua a sus pies y salen corriendo. Alguien camina encorvado a la luz de una antorcha, acompañado únicamente por su sombra. Tanto su boca como su nariz van tapadas por una máscara de gas de un color verde oscuro pálido, mientras que sus ojos marrones, apenas abiertos lo suficiente para ver, son únicamente eclipsados por un flequillo marrón oscuro dividido en dos. El resto de su pelo forma una abultada y enmarañada coleta alta. Viste una camisa abierta de un verde algo mas intenso pero oscuro con las mangas rotas y una camiseta castaña llena de manchas por debajo junto con unos pantalones grises anchos hasta la mitad de la tibia y unos zapatones negros muy desgastados. En su mano izquierda sujeta una antorcha con la que ilumina su camino, mientras que la derecha, cuyo brazo esta lleno de relojes viejos de distintas clases, la mantiene guardada en el bolsillo del pantalón. Detiene su avance, saca la mano derecha del bolsillo y se agacha para cojer algo del suelo. Lo levanta aún empapado y goteando a la altura de la cara y obserba lo que es. Al ver que no es mas que una revista la tira de nuevo, da un par de pasos y se agacha para cojer otra cosa. Un balón pinchado. Lo tira de nuevo. Repite el proceso un par de veces hasta que coje una especie de caja metálica. La limpia un poco contra su camiseta y vuelve a verla de cerca. Quitada la mugre puede leerse una inscripción, "Panic Station". La sujeta con el brazo contra el cuerpo mientras vuelve a meter la mano en el bolsillo y sigue su camino.
En ese momento, en otro lugar no muy lejos, un joven observa, tumbado en un sofa destrozado, el goteo de una cañería rota en el techo, casi sincronizado con el tic tac de un antiguo reloj de péndulo que descansa en la misma pequeña y cochambrosa sala. El joven tiene una pequeña melena castaña a juego con sus ojos, de los cuales bajo el izquierdo, hay una mancha morada que podría ser un moratón. La vestimenta del chico se limita a una camiseta roja de manga corta increiblemente holgada que le cubre hasta las pantorrillas. Cada gota que golpea el suelo ante sus ojos se convierte rápidamente en una pregunta más en su cabeza. Tantas cosas que querría saber y tan pequeño el mundo en el que está encerrado. Cada nueva pregunta le hace pensar de nuevo en todo lo que hará cuando logre salir y volver a ver el mundo, pero poco a poco esta esperanza se va desvaneciendo como cada día. De pronto el sonido de una puerta abriéndose lo saca de sus pensamientos y se levanta rápidamente para ir hacia esta mientras sus esperanzas se reavivan. El hombre de las alcantarillas tira la antorcha apagada, de mala gana, en el suelo de la habitación, malamente iluminada por un par de bombillas.
-¿¡Alguna novedad!? -pregunta el joven entusiasmado-.
El recién llegado cierra la puerta con el pie mientras le tiende la caja metálica sin decir nada. El chico la coje y se queda mirándola mientras su compañero se mueve por el lugar.
-¿Qué es? -pregunta confuso-.
-No lo se -responde fríamente su compañero-.
Desilusionado, deja la caja en un rincón y tras una breve pausa, el hombre vuelve a hablar desde otra sala.
-¿No deberías ponerte algo más?
-Pero es que aquí hace calor. . y así estoy más cómodo -le responde-.
-Bueno. . -entra nuevamente en la sala sin la máscara dejando a la vista la cara seria de un adolescente, no mucho más viejo que su acompañante- allá tú -se tumba bocaarriba en el sofá en el que estaba antes la otra persona e intenta acomodarse-.
El joven camina lentamente hasta el sofá y se sienta sobre la cintura de su compañero, con una pierna a cada lado y las manos sobre su pecho.
-Estoy cansado -se queja este-.
-Perdón. . -se disculpa el chico en un tono apagado y tras un breve silencio, habla de nuevo- Vince. . ¿Saldremos de aquí algún día?
Pasan unos segundos antes de que Vince conteste.
-Quién sabe.
Desilusionado por la respuesta, se deja caer sobre su pecho, se abraza a el y cierra los ojos. Vince duda un momento de que hacer, pero al final lo abraza con un brazo y se pierde en sus pensamientos sin quitarle la vista de encima.
Namira, que por su parte avanzó por las alcantarillas, se mantiene a sí mismo convencido de seguir avanzando a pesar de la peste que llena el lugar. Oye de pronto un ruido e inmediatamente se pone en guardia volteandose sobresaltado hacia la procedencia del sonido y relaja todo su cuerpo de nuevo al ver nada más que unas ratas corriendo de un lado a otro.
-Que irónico... -susurra para sí tras un suspiro-.
-Seguro que no se te habrá caído dentro? -se oye una voz de fondo a cierta distancia-.
Dos desconocidos caminan buscando con la vista en el suelo y una antorcha cada uno. Sus ojos se mueven rápido pero parecen no alcanzar nunca su objetivo.
-Ya he mirado dentro, ¡pesado! Si se me hubiese caído dentro ya la habría encontrado -se queja en resspuesta uno de ellos-.
-Eso te pasa por imbécil, no era tan difícil tener cuidado, solo era una puta caja.
-¿La habrá cogido alguien?
-Ya, claro, ¿quién? Aquí no hay nadie.
-¿Y dentro?
Ambos se frenan, se miran mutuamente y se dan media vuelta.Cuando ya se han alejado lo suficiente, Namira se levanta de un rincón oscuro en el cual su ropa se mimetizaba y da sigilosamente un par de pasos mirando hacia los hombres.
-¡Jackpot! -exclama en un susurro mientras suelta una pequeña risotada-.
Entonces se decide a seguirles cuidadosamente, confiando en haber encontrado lo que buscaba. Tras un buen rato siguiéndoles ve como sacan de unas pequeñas mochilitas una especie de máscaras de gas, se las ponen y acto seguido, desaparecen en un pequeño callejón a su derecha. Sorprendido, se asoma al callejón y observa como tras este una pequeña puerta metálica corta el paso. Piensa en las ganzúas que suele llevar encima por un momento, pero el motivo de las máscaras le echa para atrás antes de cometer ninguna estupidez y decepcionado, vuelve por donde ha venido.
Es en ese momento en el cual Kyra llega a su casa, preocupada por que escusa podría darle a su padre. Tan pronto entra cierra la puerta y la voz de Jecht la altera.
-Hola pequeña -la saluda enérgicamente apareciendo ante ella con una sonrisa- ¿Qué tal en clase?
Al notar que su padre no se habia dado cuenta de nada, decide callarse y seguirle el rollo.
-Bien, como siempre -le responde mientras va lo más directamente posible hacia su habitación pasando de largo ante él-.
-Que prisas -dice para si mientras la ve irse-.
Una vez en su habitación, la joven se quita de encima la mochila y la apoya en el suelo contra la cama. Acto seguido se va al cuarto de baño para encararse nuevamente al espejo y se aparta el flequillo de la cara dejando visible su ojo derecho. Se mira fijamente mientras se pregunta como tantas otras veces donde podría encajar pero, esta vez, una segunda pregunta cruza su mente. "¿Y él?". La voz de Jecht la saca entonces de sus pensamientos llamándola para comer y ella, tras recolocarse el flequillo, abre la puerta de su habitación y sale de esta mientras otra puerta se cierra en el Scissor Happy tras haber entrado Namira.
-Ya iba siendo hora de que llegases -comenta Eola-.
Namira mira hacia la barra y ve a un par de clientes, a Eola tras esta y a Wildcat encima maullando.
-Ha estado esperándote -dice mientras lo acaricia-.
-Mira que es cariñoso -dice entre risas una clienta-.
-Y un poco capullo... -susurra para sí-.
-¿Qué?
-Que qué haceis tan pronto aquí -cambia de tema mientras se dirige a la barra-.
-Ah -se dispone la mujer a responder-, hemos oído lo de que ha contratado a un grupo y queríamos verlo.
-Si viene a la noche -comenta Namira-.
-No nos culpes por ser impacientes -le contesta frunciendo el ceño-.
-Con haber venido a la hora de siempre os llegaba -dice sonriente mientras se sienta a su lado y apoya los codos en la barra-.
-Ya bueno, hoy teníamos el día libre así que -le sonríe-.
-Pues aún os falta por esperar -le devuelve la sonrisa y se gira hacia Eola-.Bueno... -dice alargando la 'e'- ¿y que hay de comer?
-Eso Eola -comenta otro de los clientes-, ¿que hay de comer?
-Tu a callar -ríe levemente mientras mira hacia la persona en cuestión- para ti no es gratis, y no tienes pinta de poder pagarme nada.
-¿Qué insinuas? -dice frunciendo el ceño-.
-Que eres un puto vago, se sincero -se acerca a su cara mirandolo fijamente-, no tienes el día libre, a ti te han despedido por no hacer nada.
Ambos se quedan observando al otro durante unos segundos con una expresión seria en la cara, mientras los demás clientes y Namira hacen poco más que de público, contemplando la escena sin perder el más minimo detalle. Tras unos segundos así, los labios del cliente empiezan a temblar y de pronto una risa escapa de su boca, comenzando a reírse todos con él.
-¿Se reirá algún día Eola primero? -pregunta la clienta de antes-.
-Lo dudo mucho -le responde Namira aún riéndose-.
domingo, 31 de agosto de 2014
Una luz en las sombras
8
En ese mismo momento, Kyra ya en el instituto, ve en su mesa lo que parecía ser un retrato suyo en el que un ladrillo sustituía su cara. Uno de sus compañeros de clase se acerca a ella mientras observa el dibujo y poniéndole una mano en el hombro le habla.
-No te lo tomes muy en serio -dice en tono reconfortante-, en realidad los ladrillos se expresan más -continúa cambiando su tono por uno más insultante-.
Un breve coro de risas llena el aula y la joven se quita la mochila y la cuelga en la silla para luego sentarse e intentar borrar el dibujo de la mesa con el pulgar. Entre tanto, un profesor entra en el aula cesando así las risas y sentándose cada alumno en su sitio.
-¿Puede saberse a qué viene tanta risa? -pregunta seriamente- Más os vale que no estéis molestando a vuestra compañera otra vez.
-No te preocupes profe, tiene nervios de acero -responde uno de los alumnos seguido de las risas de los demás-.
-¡Silencio! -exige el profesor haciendo que todos se callen de nuevo- No deberíais burlaros de los problemas de los demás, ella no tiene culpa de ser así.
Unos cuantos alumnos se ríen por lo bajo de este comentario y Kyra agacha su cabeza manteniendo la esperanza de que el profesor se calle y empiece la clase. Cuando por fin esto sucede, Kyra termina de borrar el dibujo de su mesa y saca de su mochila una libreta y un bolígrafo para tomar apuntes. La hora pasa y el timbre da comienzo al cambio de clase, en el que la joven aprovecha para salir del aula a airearse un poco y ve, de casualidad, a su padre. Le sigue para ver que hace y lo ve entrar en el cuarto del orientador. Se acerca a la puerta cerrada e intenta escuchar.
-…que usted es Jecht Red, ¿no? -oye al orientador-.
-Si, venía a hablar sobre Kyra -responde la voz de su padre-.
El alboroto de unos cuantos alumnos le impide oír pero solo por unos segundos.
-…tenderá que el comportamiento de su hija no es normal. -oye nuevamente la conversación-.
-Me da igual si a vosotros os parece normal o no, no hay nada que corregir en su comportamiento.
-Mire, es obvio que usted no quiere verlo, pero alguien que se comporta así tiene un problema más que evidente.
Kyra se aparta lentamente de la puerta mientras junta sus manos detrás de su cuerpo y se vuelve a su aula, lejos de querer oír más. Al llegar y comprobar que el profesor aún no ha llegado, se va hasta su sitio y abre su mochila para ir cogiendo el libro, pero lo que se encuentra es un ladrillo entre sus cosas. Las manos empiezan a temblarle y se va del aula, corre escaleras abajo y sale del instituto. Se aleja tanto como puede mientras nota como unas lágrimas descienden por su serio rostro dándole esta vez algo de expresión. Caminando acaba llegando un pequeño río que cruza la ciudad y busca con la mirada el puente. Una vez lo encuentra se dirige a él exigiéndose a sí misma una solución. Se seca las lágrimas vagamente con una mano mientras su paso se ralentiza poco a poco hasta quedar parada frente a la varandilla del puente. Apoya sus manos en esta notando su frío y tira su mirada al agua generando lentamente el valor para unirse a ella. Vacía su mente, coge aire y lo suelta lentamente. Empieza a abrir despacio sus ojos pero acaba abriéndolos de golpe al escuchar unas ligeras pisadas. Dirige la mirada hacia su izquierda y se tranquiliza al ver un simple gato correteando por el puente.
-¿Tienes miedo? -la sorprende una voz desde su derecha-.
Se gira instantaneamente hacia su derecha y ve pegado a su lado a un joven con capucha y orejas de gato apoyado comodamente en la varandilla observando el río. Pasada la sorpresa se da cuenta de la pregunta que le acaba de hacer y devuelve su mirada al río. "¿Miedo?" piensa para sí.
-Un poco. . . -responde tras pensarselo-.
-Venga ya -dice el joven mientras se sube a la varandilla- si es fácil.
Kyra contempla al chico gato manteniendo el equilibrio sobre la varandilla cuando este, sin más, le tiende una mano.
-Te ayudare un poco -le dice con una extraña sonrisa-.
Tras dudar un poco, acepta su mano y el joven, sin perder el equilibrio le ayuda a subirse a la varandilla con el. Kyra no mantiene muy bien el equilibrio pero el chico evita que esta se caiga.
-¿Lo ves? -le dice cordialmente seguido de una breve pausa- pero ahora se sincera. . .
El joven la empuja hacia el río y el pulso de Kyra se acelera rápidamente hasta que su cuerpo se frena de golpe en el aire. Por unos momentos el miedo impide a Kyra entender lo que ha pasado, hasta que mira al frente y ve al chico inclinado hacia el puente, manteniendo los pies en la varandilla pegados a los suyos y agarrando todavía su mano, haciendo que el hueco entre sus cuerpos forme un triangulo invertido. La joven recupera el aliento poco a poco y el desconocido vuelve a mostrar esa extraña sonrisa de antes.
-¿De qué tienes miedo? -dice terminando la frase que había dejado a medias-.
Kyra no entiende la pregunta así que se queda en silencio.
-¿Es lo que quieres no? -le explica- Morir. ¿Por qué temes entonces cuando estás a punto de tirarte?
Kyra no tiene ni idea de que responder, ni siquiera lo había pensado. El chico gato tira repentinamente del brazo de la joven poniendose a sí mismo en equilibrio en la varandilla y tirandola a ella al puente. Tras esta caída la chica se levanta del suelo algo dolorida y contempla al chico caminando de un lado a otro por la varandilla, con los brazos extendidos para mantener el equilibrio.
-Es increíble lo fácil que es mentirse a uno mismo, ¿eh? -le comenta acompañado de una risita- Cuando los problemas nos superan, a menudo nos forzamos a creer que queremos morir, porque claro, así todos los problemas se irían -hace una pausa mientras cambia de direccion en la varandilla-, pero cuando queremos intentarlo nos asustamos y aún con ello, nos insistímos en que es lo que queremos. . . ¿¡Es que somos gilipollas!? -pregunta poniendo gran énfasis-.
Se tambalea en la varandilla y se deja caer sentado en esta.
-¡Es obvio que no es lo que queremos! -prosigue como si nada hubiese pasado- De lo contrario, no tendríamos miedo, ¡pero lo tenemos y eso es porque queremos vivir! Tú no quieres morir, quieres que tus problemas desaparezcan para poder vivir -su voz va cogiendo un tono más acogedor-, pero ¿sabes que?
Kyra le mira fijamente esperando que continúe.
-Eso no va a pasar nunca -dice cambiando de golpe su tono por uno más duro-, para que los problemas se acaben debes acabarlos tú, así que en vez de malgastar el tiempo forzandote a creer que quieres morir -se da impulso en la varandilla para ponerse en pie de un salto, se guarda las manos en los bolsillos y remata la frase mientras se va-, inviértelo en seguir adelante, es la única forma de vivir.
La joven se queda embobada viéndole alejarse mientras piensa en lo que le acaba de decir. Gira entonces su cabeza para mirar de nuevo al borde del puente y se plantea a sí misma que es lo que realmente quiere. Miles de caras de asco y burla cruzan fugazmente su mente, miles de insultos, miles de gestos, bromas y dibujos absurdos, un mundo entero sin un lugar para ella. Finalmente tras esta imagen, se encamina lentamente hacia su casa viendo una meta en su camino y haciéndose una simple pero dificícil pregunta. "¿Cómo lo haré?".
martes, 26 de agosto de 2014
Una luz en las sombras.
7
Con el cuadro en la mano, una sonrisa sincera asoma en su cara tras revivir estos recuerdos y vuelve a posarlo, con cuidado, donde estaba anteriormente. Echa entonces un vistazo a la gente, que ocupa cada mesa y silla del bar y piensa para sí "sin clientela, ¿eh?". Nada en ese momento le gustaría más que poder mostrarle a su padre la evolución del Scissor Happy con el tiempo. Mientras tanto, arriba en su cuarto, Namira se deja caer en la cama sin ni siquiera abrirla y cierra los ojos dejándose llevar por el relajante abrazo de Morfeo.
Un largo camino se alza al frente y cientos de personas caminan por el. Todas siguen el mismo camino, todas empujan y luchan por adelantarse y llegar más lejos. Cientos de miradas clavadas en un mismo punto, una oveja descarriada. "Otro loco" dicen unos, "¿a donde coño va?" continúan hablando, "¡vas al revés, gilipollas!" empiezan los insultos y sus miradas se vuelven hostiles. "¡Da la vuelta imbécil!" gritan mientras empujan con fuerza, "¡No nos entorpezcas!" se alza otro grito casi ensordecedor. Tras empujon y empujón, un fuerte golpe, el suelo en la cara y cientos de pies pisando y pasando de largo, las luces se apagan. Un grito ahogado y una fuerte respiración rompen el silencio en mitad de la oscuridad y una mano busca a tientas hasta dar con el interruptor e inundar de luz la habitación. Entonces Kyra se levanta y camina hasta el baño, donde tras lavarse la cara con agua fría para despejarse, se seca con la toalla y trata de respirar de nuevo con normalidad. Desvía por un momento la mirada hacia el espejo y se observa. Su pelo esta suelto y algo enmarañado y su cara, tan inexpresiva como siempre, se ve por completo debido a la ausencia de el flequillo que normalmente la oculta y deja a la vista su ojo derecho, de color marrón. Tras mirarlo fijamente un rato se lleva la mano derecha a la cabeza y arrastra un mechón de pelo enfrente del ojo, tapando media cara. Acto seguido deja la toalla en su sitio y vuelve a su habitación donde, justo antes de volver a tumbarse, mira un pequeño despertador rojo que apenas si está a diez minutos de sonar. Se acerca al armario que hay a los pies de su cama y lo abre para sacar una camisa negra sin mangas, una minifalda del mismo color y unas botas altas a juego. Tras acabar de vestirse vuelve al baño para peinarse y hacerse la coleta. Agarra luego una mochila gris del suelo, escondida tras la puerta de su cuarto, la apoya en la cama, la abre y se va hasta la pequeña mesa de estudio que hay al lado de la puerta. En ella, mira una pila de libros y libretas, coje cuatro de cada y los guarda en la mochila, que cierra de seguido y se la cuelga a la espalda. Una vez preparada lanza una mirada al despertador que, tres segundos más tarde, empieza a sonar. Lo para con una mano, coje su móvil de la mesa y sale de su habitación mientras lo guarda en un bolsillo lateral de la mochila. Avanza por el pasillo hasta la puerta, coje las llaves de un pequeño mueble cercano y se va. Una cálida brisa acaricia su piel y unos tímidos rayos de sol la acompañan en su camino, que recorre con las manos juntas frente a su cuerpo y la mirada perdida en el cielo.
-¡Aparta pedrusco! –la sorprende un grito-.
Baja la vista del cielo y observa sin inmutarse a un chaval pasar por su lado en bicicleta, casi embistiéndole. La joven Kyra separa sus manos y mientras ve la espalda del individuo alejarse de ella agarra el pecho de su camisa fuertemente con la mano derecha, deja el brazo izquierdo suelto pero apretando el puño y sigue su camino mirando al frente.
Mientras tanto Namira se levanta perezosamente de la cama y se estira antes de salir de su cuarto. Escucha un par de maullidos mientras baja y al llegar ve el bar vacío y a Eola apoyada en la barra observando un gato blanco con manchas grises que la mira cerca de la salida entreabierta. Al oír llegar a Namira, Eola se da la vuelta para hablarle.
-¿Puede saberse que le pica ahora a tu gato? –le pregunta harta-.
Namira, que no se lo esperaba, se le queda mirando perdido.
-Le he abierto la puerta para que saliera y ha vuelto a entrar maullando, no me quita el ojo de encima –le explica-.
Namira mira al gato un momento y responde luego a su compañera.
-Atención –dice secamente-.
Eola se queda mirándole sin entender.
-Los gatos son expresivos pero a su manera, tienen su propio lenguaje corporal, cuando su cola esta así –dice mientras señala a la cola del gato, que forma una interrogación sobre su cuerpo- es que está pidiéndote atención.
-Y parecía tonto el niño gato. . . -comenta burlona-
-Bueno -le responde mientras rodea la barra-, sería comprensible teniendo en cuenta quién ha sido mi profesora estos años.
Eola ríe sarcásticamente y Namira se detiene en frente al gato, que avanza hasta la puerta, se frena y mira de nuevo hacia Namira.
-Bueno, creo que voy a dar un paseo con Wildcat -se despide vagamente agitando la mano y sigue al gato a la calle cerrando la puerta al salir-.
-No se yo si ese gato será una buena influencia para él -piensa cómicamente para sí la mujer mientras echa un vistazo al bar y ve a uno de sus clientes de la noche anterior apoyado contra una pared en el suelo, donde se había quedado dormido y a ella le había dado corte despertarlo- aunque siempre las hay peores.
7
Con el cuadro en la mano, una sonrisa sincera asoma en su cara tras revivir estos recuerdos y vuelve a posarlo, con cuidado, donde estaba anteriormente. Echa entonces un vistazo a la gente, que ocupa cada mesa y silla del bar y piensa para sí "sin clientela, ¿eh?". Nada en ese momento le gustaría más que poder mostrarle a su padre la evolución del Scissor Happy con el tiempo. Mientras tanto, arriba en su cuarto, Namira se deja caer en la cama sin ni siquiera abrirla y cierra los ojos dejándose llevar por el relajante abrazo de Morfeo.
Un largo camino se alza al frente y cientos de personas caminan por el. Todas siguen el mismo camino, todas empujan y luchan por adelantarse y llegar más lejos. Cientos de miradas clavadas en un mismo punto, una oveja descarriada. "Otro loco" dicen unos, "¿a donde coño va?" continúan hablando, "¡vas al revés, gilipollas!" empiezan los insultos y sus miradas se vuelven hostiles. "¡Da la vuelta imbécil!" gritan mientras empujan con fuerza, "¡No nos entorpezcas!" se alza otro grito casi ensordecedor. Tras empujon y empujón, un fuerte golpe, el suelo en la cara y cientos de pies pisando y pasando de largo, las luces se apagan. Un grito ahogado y una fuerte respiración rompen el silencio en mitad de la oscuridad y una mano busca a tientas hasta dar con el interruptor e inundar de luz la habitación. Entonces Kyra se levanta y camina hasta el baño, donde tras lavarse la cara con agua fría para despejarse, se seca con la toalla y trata de respirar de nuevo con normalidad. Desvía por un momento la mirada hacia el espejo y se observa. Su pelo esta suelto y algo enmarañado y su cara, tan inexpresiva como siempre, se ve por completo debido a la ausencia de el flequillo que normalmente la oculta y deja a la vista su ojo derecho, de color marrón. Tras mirarlo fijamente un rato se lleva la mano derecha a la cabeza y arrastra un mechón de pelo enfrente del ojo, tapando media cara. Acto seguido deja la toalla en su sitio y vuelve a su habitación donde, justo antes de volver a tumbarse, mira un pequeño despertador rojo que apenas si está a diez minutos de sonar. Se acerca al armario que hay a los pies de su cama y lo abre para sacar una camisa negra sin mangas, una minifalda del mismo color y unas botas altas a juego. Tras acabar de vestirse vuelve al baño para peinarse y hacerse la coleta. Agarra luego una mochila gris del suelo, escondida tras la puerta de su cuarto, la apoya en la cama, la abre y se va hasta la pequeña mesa de estudio que hay al lado de la puerta. En ella, mira una pila de libros y libretas, coje cuatro de cada y los guarda en la mochila, que cierra de seguido y se la cuelga a la espalda. Una vez preparada lanza una mirada al despertador que, tres segundos más tarde, empieza a sonar. Lo para con una mano, coje su móvil de la mesa y sale de su habitación mientras lo guarda en un bolsillo lateral de la mochila. Avanza por el pasillo hasta la puerta, coje las llaves de un pequeño mueble cercano y se va. Una cálida brisa acaricia su piel y unos tímidos rayos de sol la acompañan en su camino, que recorre con las manos juntas frente a su cuerpo y la mirada perdida en el cielo.
-¡Aparta pedrusco! –la sorprende un grito-.
Baja la vista del cielo y observa sin inmutarse a un chaval pasar por su lado en bicicleta, casi embistiéndole. La joven Kyra separa sus manos y mientras ve la espalda del individuo alejarse de ella agarra el pecho de su camisa fuertemente con la mano derecha, deja el brazo izquierdo suelto pero apretando el puño y sigue su camino mirando al frente.
Mientras tanto Namira se levanta perezosamente de la cama y se estira antes de salir de su cuarto. Escucha un par de maullidos mientras baja y al llegar ve el bar vacío y a Eola apoyada en la barra observando un gato blanco con manchas grises que la mira cerca de la salida entreabierta. Al oír llegar a Namira, Eola se da la vuelta para hablarle.
-¿Puede saberse que le pica ahora a tu gato? –le pregunta harta-.
Namira, que no se lo esperaba, se le queda mirando perdido.
-Le he abierto la puerta para que saliera y ha vuelto a entrar maullando, no me quita el ojo de encima –le explica-.
Namira mira al gato un momento y responde luego a su compañera.
-Atención –dice secamente-.
Eola se queda mirándole sin entender.
-Los gatos son expresivos pero a su manera, tienen su propio lenguaje corporal, cuando su cola esta así –dice mientras señala a la cola del gato, que forma una interrogación sobre su cuerpo- es que está pidiéndote atención.
-Y parecía tonto el niño gato. . . -comenta burlona-
-Bueno -le responde mientras rodea la barra-, sería comprensible teniendo en cuenta quién ha sido mi profesora estos años.
Eola ríe sarcásticamente y Namira se detiene en frente al gato, que avanza hasta la puerta, se frena y mira de nuevo hacia Namira.
-Bueno, creo que voy a dar un paseo con Wildcat -se despide vagamente agitando la mano y sigue al gato a la calle cerrando la puerta al salir-.
-No se yo si ese gato será una buena influencia para él -piensa cómicamente para sí la mujer mientras echa un vistazo al bar y ve a uno de sus clientes de la noche anterior apoyado contra una pared en el suelo, donde se había quedado dormido y a ella le había dado corte despertarlo- aunque siempre las hay peores.
domingo, 24 de agosto de 2014
Una luz en las sombras
6
Más tarde en el Scissor Happy, el padre de Eola, perplejo, se apoya con los codos en la barra y fija su mirada en el crío, que no para de mirar a su alrededor.
-¿Y puede saberse cómo está el padre? -pregunta aún sin creerse lo que le han contado-.
-Ya te lo he dicho -contesta rápidamente Eola- no lo se, supongo que se habrá vuelto a su casa.
-Dios. . . estáis como cabras -dice mientras se arrastra una mano por la cara-.
-¿Estamos? -pregunta Eola-.
-Si, tú por lo que has hecho y él por aceptar venir contigo.
Al oírlo Namira se da la vuelta y mira curioso al hombre.
-¡Lo trataba como a la mierda! -replica Eola-.
-Si no digo que no tengas razón. . . -le contesta cansado- Pero eres consciente de la que has armado, ¿no? Sigue siendo su hijo, legalmente tiene todo el derecho del mundo a venir, ponerte la denuncia de tu vida y llevárselo.
-Yo no soy su hijo -lo interrumpe Namira inocentemente-.
Tanto padre como hija se quedan mirándole, esperando una explicación.
-Es lo que dicen siempre -continúa algo nervioso por las miradas-.
El padre se golpea la frente con una mano y la arrastra por la cara de nuevo.
-¿¡Ves!? -señala Eola al niño mientras mira a su padre-.
-Que si, que si. . . pero eso no nos ayuda en nada, seguimos en la misma situación.
El hombre se queda mirando a Eola, cuya mirada busca desesperada un ápice de apoyo por su parte. Mira luego al crío, cuya inocente mirada no aparenta buscar otra cosa que enterarse de donde está el problema.
-¿Por qué quieres quedarte aquí? -pregunta finalmente al niño-.
-Ela es buena conmigo -dice sonriendo-.
-¿Ela? -el padre se queda un segundo pensativo- Ah, Eola.
-Eso -se corrige el niño-.
-Pero si solo has pasado un día con ella.
-¿Y? -pregunta inocente-.
-No puedes saber cómo es alguien en tan poco tiempo.
-Nunca he estado tanto tiempo con nadie. . . -dirige su mirada al suelo-.
El hombre, imaginándose que clase de crianza habrá tenido el niño se queda un rato callado.
-¿Y tus padres? -pregunta Eola captando la atención de los dos-.
-Nunca están conmigo, solo cuando se enteran de que hago cosas estúpidas.
-¿Como el gorro?
-Si.
Se quedan un rato callados y finalmente el padre de Eola habla.
-Esta bien, bienvenido a nuestra casa -dice de mala gana-, pero va a haber que pensar en como arreglárnoslas.
Namira y Eola se llenan de felicidad al oír esto y, el padre, mirándolos de reojo, no puede evitar sonreír por ver así a su hija. Por un momento todos sus problemas desaparecen, y vuelve a ver a su pequeña tal y como era.
Ya en el cuarto de Eola, esta baja las persianas y enciende las luces mientras el pequeño Namira curiosea las cosas de la joven que, cuando se da la vuelta, lo pilla husmeando en los cajones de su armario. Se acerca a él, se agacha y lo ve fisgoneando en algunas prendas de ropa.
-Es de cuando era pequeña -le dice-, ¿te gusta?
-Yo nunca he vestido ropa así -le responde mientras saca del cajón una pequeña camiseta verde oscura-.
-Debe ser incomodísimo andar con ropa como esa -dice mirando su vestimenta-, a ver. . . -le quita la camiseta de las manos y la extiende enfrente de su cuerpo- creo que te vale, ¿quieres probartela?
-Si -contesta mientras vuelve a cogerla y antes de hacer nada más, se queda mirando a su compañera.
-¿Qué? -se queda un rato perdida hasta que comprende lo que el chico quiere- ¡Ah! -suelta una pequeña risa- vale, vale. . . -dice mientras se da la vuelta para que pueda cambiarse-.
Namira se quita el chaleco y la camisa y tira ambos encima de la cama para luego ponerse la camiseta, que le queda ligeramente grande, por lo que queda algo holgada. El niño se queda mirándose en el espejo y, tras un rato, Eola se da la vuelta para ver si ya ha acabado.
-Te queda bien -le dice con una sonrisa- ¿tú qué opinas?
-Es cómoda -le responde mirándola-.
-Pruébate esto también, seguro que te gustan -comenta mientras saca del cajón unos pantalones cortos de color azul cielo y se los pasa por el aire-.
Namira los coge al vuelo y mira de nuevo a su compañera para que se dé la vuelta.
-Tranquilo -dice entre risas- te dejo intimidad.
Se va de la habitación dejando solo al chico y baja para ver a su padre mientras, al cual se encuentra apoyado en la barra mirando fijamente a la puerta de salida.
-¿Ocurre algo? -le pregunta preocupada-.
El padre gira la cabeza para verla y acto seguido vuelve a mirar a la puerta.
-No, tranquila -contesta distraído-, solo estaba pensando.
-¿En qué?
-En qué pasará -su voz mantiene un tono uniforme y distante en cada comentario-.
Eola se queda unos segundos en silencio, pensando en todo lo ocurrido.
-Siento haber causado tantos problemas -dice con un tono apagado mientras se agarra una mano con la otra e intenta mantenerlas quietas-.
El hombre vuelve a mirarla en silencio durante un rato y finalmente se aparta de la barra, la despeina con una mano mientras se guarda la otra en el bolsillo.
-Bah -replica mientras rodea la barra- nos las arreglaremos, ya verás.
Manteniendo la esperanza de que sea verdad, Eola suspira e intenta confiar en su padre. En ese momento Namira aparece junto a ella vestido con la ropa que le acababa de dar más unas chanclas negras calzadas.
-¿De dónde has sacado esas chanclas? -le interroga Eola-.
-Las encontré en tu cuarto.
-No me digas -le replica con tono sarcástico mientras se cruza de brazos y le mira de reojo-.
El padre de Eola, que se encontraba colocando las sillas del bar encima de las mesas, suelta una carcajada al ver la reacción de su hija y mira luego la cabeza del pequeño sobresaliendo sobre la barra.
-Muévete un poco anda, yo también quiero verte.
Namira rodea la barra y se acerca un poco al hombre, que lo mira mientras continúa subiendo sillas y Eola va detrás de él desenlazando los brazos.
-No te queda nada mal -le comenta subiendo la última silla-.
-Gracias -responde alegremente-.
Tras dar su respuesta, Namira se queda mirando alrededor.
-¿Es un bar? -pregunta curioso-.
-Anda -comenta Eola con cierta burla mientras se queda mirándole- si piensa.
-¡Oye! -le replica el chico molesto-.
-¿Qué? -se queja Eola mientras se apoya en su cabeza como si fuese una mesa- es que mira que has tardado.
-¡No me había fijado! -se excusa el inocente crío mientras el padre de Eola se ríe de fondo al ver la escena-.
-Es normal confundirse -le defiende el hombre-, normalmente los bares tienen clientes -se ríe mientras coge una fregona de un pequeño cuarto adyacente y empieza a fregar el suelo-.
Namira se queda mirándole y Eola suelta un largo suspiro.
-Solo es una mala racha, ya verás como algún día tenemos más clientes -le insiste como tantas veces-.
-Ya, seguro -dice con ironía el padre en respuesta- y yo me lo creo.
-¡Ya lo verás!
Namira, mientras tanto, mira a uno y a otro sin saber muy bien que decir. Sin darse cuenta suelta un gran bostezo y ambos se quedan mirándolo ahora a él.
-¿Tienes sueño? -pregunta Eola-.
-Un poco. . . -dice frotándose un ojo-.
-Vamos anda -dice cogiéndolo de la mano y caminando con él hasta su cuarto-.
-¡Descansad bien! -se despide el padre de ellos y sigue luego con su tarea-.
Ya en la habitación, Namira se descalza y hace amago de ir a abrir la cama pero se detiene y mira a Eola.
-¿Donde dormirás tú?
Eola se queda sorprendida por la pregunta durante unos instantes hasta que responde.
-Contigo, ¿algún problema? -le replica mientras se quita el chaleco y lo tira junto a la puerta- te recuerdo que esta sigue siendo MI habitación.
-Vale -dice tímidamente mientras abre la cama-.
-¿Vas a dormir así? -le pregunta-.
Namira la mira para contestarle y se sonroja al verla sin camiseta quitándose los pantalones.
-S-si -tartamudea mientras aparta la vista y se mete rápidamente en cama-.
-Hm, como veas -le comenta mientras se mete en la cama detrás de él y se tapa-, si te es cómodo. . . apaga la luz anda -le pide con voz cansada-.
Namira mira a su lado hasta ver el interruptor en la pared, lo pulsa y el cuarto se queda totalmente a oscuras.
En mitad de la noche un extraño sonido despierta a Eola que, aún somnolienta, atiende un poco a lo que su oído le dice y nota unas voces.
-¿Nami? -susurra-.
Al ver que su compañero sigue dormido, se levanta cuidadosamente de cama con la idea de que quizá las voces vengan de abajo y sale de su cuarto para comprobarlo. Al descender las escaleras escucha a su padre hablando con alguien, así que se agacha detrás de la barra con cuidado de no ser vista para enterarse de todo.
-. . . que buscáis no está aquí -oye a su padre-.
-¡No intentes tomarme el pelo, la vi venir aquí! -grita una voz conocida-.
-Pues te habrás equivocado, aquí no hay nadie -escucha a su padre insistir en un tono totalmente calmado-.
-¡Entonces déjanos entrar a mirar! -exige la voz que ahora reconoce, la del padre de Namira-.
-Mire agente, conozco mis derechos, y no podéis llegar y registrar mi casa sin una orden judicial, así que coja a este hombre y llévesolo ya, tengo sueño -dice el padre en tono despreocupado y cansado-.
-Lo se señor -responde una tercera voz-, pero entienda que este asunto no es ninguna broma y este hombre afirma que la culpable podría ser su hija.
-Si ese es el problema, solo compruebe mi registro civil, así quizá me crean por fin cuando les digo que no tengo ninguna hija, buenas noches -se despide antes de cerrar la puerta y caminar por toda la habitación hasta su cuarto-.
Eola mientras tanto, todavía agachada y en mitad de la oscuridad, no es capaz de moverse ya que su mente está totalmente ocupada manteniendo el eco de lo que su padre acababa de decir. "¿Lo diría en serio?". Se dice para sí que solo es un truco de su padre, una mala mentira en un intento de encubrirla, un farol. . . Pero su subconsciente le abre los ojos a la fuerza, su padre no es tan idiota, su padre no intentaría algo tan penoso, su padre no se arriesgaría así a que lo pillaran, su padre. . . ¿Su padre?
Tras unos instantes de confusión y aturdimiento, un golpe de frío recorre todo su cuerpo y se levanta despacio para irse de nuevo a su habitación. Una vez dentro, se mete en cama con cuidado de no despertar a Namira, que duerme plácidamente e intenta conciliar el sueño, mas un fuerte insomnio en forma de dudas y preguntas mantiene abiertos sus ojos a pesar de sus esfuerzos por alejar todo lo sucedido de su mente. Cierra los ojos con fuerza y se concentra para dejar su mente en blanco inútilmente, hasta que nota a Namira moverse en sueños y su mente comienza a enfocar los pocos momentos que ha pasado con él. Entonces, sus ojos se relajan y se sume por fin en un profundo y merecido sueño. Horas más tarde, unas nuevas voces la despiertan otra vez. Entreabre ligeramente los ojos y ve un rayo de luz entrar en la habitación por la puerta, ahora medio abierta. Busca a tientas con la mano el interruptor de la luz y nota la extraña falta de algo, pero no sabe muy bien el qué. Finalmente lo encuentra y lo pulsa, cegándose a sí misma con una luz irónicamente inesperada. Abre los ojos poco a poco con esfuerzo y va acostumbrándose lentamente a la luz hasta que, aún cansada, deja caer la cabeza hacia un lado quedando ante ella la pared. Esta imagen, que normalmente veía a diario, hoy le resultaba inexplicablemente rara. Tras unos segundos pensando en ello, se da cuenta finalmente de que Namira no está, con lo que se levanta a toda prisa de la cama, abre y cruza la puerta casi chocándose con ella y baja las escaleras a toda velocidad, hasta llegar a la barra, que usa para frenarse en seco. Con el corazón encogido observa a su padre y a Namira, dibujando uno y desayunando el otro. Namira se sonroja al verla mientras que su padre intenta contener una carcajada.
-¿No tienes frío? -le pregunta finalmente el hombre con cierto rintintín-.
Eola tarda unos segundos en pillar el chiste, hasta que mira hacia abajo para verse a sí misma y sale corriendo de nuevo hacia su habitación quejandose por el camino mientras su padre y Namira se ríen. Una vez en su cuarto se viste a toda prisa y vuelve a bajar aún despeinada y descalza, pero vestida esta vez.
-Ya, ya. . . muy gracioso -comenta con sarcasmo al ver que aún se ríen un poco-.
-Pues tu espérate a que el canijo llegue a la pubertad -dice señalándolo- entonces SI será gracioso.
-¡Cállate! -le exige ante la confusa mirada del niño, que no entiende nada-.
Mientras Eola y su padre continúan con su discusión, Namira desvía su mirada hasta el dibujo del padre, en el cual están tanto él como Eola.
-Dibujas muy bien -le afirma asombrado-.
Ambos cesan su conversación ante la interrupción del niño y Eola se fija entonces en el dibujo.
-Gracias -le responde el hombre- siempre me ha gustado.
Eola le quita el dibujo para mirarlo de cerca y se sorprende al fijarse en un detalle en concreto.
-Tengo los dos ojos. . . -dice esperando una explicación-.
-Claro -responde su padre con total naturalidad mientras apoya los codos en la mesa, entrelaza las manos y apoya la cabeza en estas sonriente-, porque no has cambiado -al decir esto Eola le mira fijamente- sigues siendo la misma cría de siempre.
No sabe muy bien que responder, pero siente una extraña calidez al volver a mirar el dibujo y verse sonriendo, como si estuviera en paz consigo misma. Mira entonces de nuevo a su padre y a Namira y por un segundo, visualiza en ellos una familia. Sonríe inconscientemente y todas las ideas en su mente se aclaran al fin. Ya no queda duda alguna, esta es su familia.
6
Más tarde en el Scissor Happy, el padre de Eola, perplejo, se apoya con los codos en la barra y fija su mirada en el crío, que no para de mirar a su alrededor.
-¿Y puede saberse cómo está el padre? -pregunta aún sin creerse lo que le han contado-.
-Ya te lo he dicho -contesta rápidamente Eola- no lo se, supongo que se habrá vuelto a su casa.
-Dios. . . estáis como cabras -dice mientras se arrastra una mano por la cara-.
-¿Estamos? -pregunta Eola-.
-Si, tú por lo que has hecho y él por aceptar venir contigo.
Al oírlo Namira se da la vuelta y mira curioso al hombre.
-¡Lo trataba como a la mierda! -replica Eola-.
-Si no digo que no tengas razón. . . -le contesta cansado- Pero eres consciente de la que has armado, ¿no? Sigue siendo su hijo, legalmente tiene todo el derecho del mundo a venir, ponerte la denuncia de tu vida y llevárselo.
-Yo no soy su hijo -lo interrumpe Namira inocentemente-.
Tanto padre como hija se quedan mirándole, esperando una explicación.
-Es lo que dicen siempre -continúa algo nervioso por las miradas-.
El padre se golpea la frente con una mano y la arrastra por la cara de nuevo.
-¿¡Ves!? -señala Eola al niño mientras mira a su padre-.
-Que si, que si. . . pero eso no nos ayuda en nada, seguimos en la misma situación.
El hombre se queda mirando a Eola, cuya mirada busca desesperada un ápice de apoyo por su parte. Mira luego al crío, cuya inocente mirada no aparenta buscar otra cosa que enterarse de donde está el problema.
-¿Por qué quieres quedarte aquí? -pregunta finalmente al niño-.
-Ela es buena conmigo -dice sonriendo-.
-¿Ela? -el padre se queda un segundo pensativo- Ah, Eola.
-Eso -se corrige el niño-.
-Pero si solo has pasado un día con ella.
-¿Y? -pregunta inocente-.
-No puedes saber cómo es alguien en tan poco tiempo.
-Nunca he estado tanto tiempo con nadie. . . -dirige su mirada al suelo-.
El hombre, imaginándose que clase de crianza habrá tenido el niño se queda un rato callado.
-¿Y tus padres? -pregunta Eola captando la atención de los dos-.
-Nunca están conmigo, solo cuando se enteran de que hago cosas estúpidas.
-¿Como el gorro?
-Si.
Se quedan un rato callados y finalmente el padre de Eola habla.
-Esta bien, bienvenido a nuestra casa -dice de mala gana-, pero va a haber que pensar en como arreglárnoslas.
Namira y Eola se llenan de felicidad al oír esto y, el padre, mirándolos de reojo, no puede evitar sonreír por ver así a su hija. Por un momento todos sus problemas desaparecen, y vuelve a ver a su pequeña tal y como era.
Ya en el cuarto de Eola, esta baja las persianas y enciende las luces mientras el pequeño Namira curiosea las cosas de la joven que, cuando se da la vuelta, lo pilla husmeando en los cajones de su armario. Se acerca a él, se agacha y lo ve fisgoneando en algunas prendas de ropa.
-Es de cuando era pequeña -le dice-, ¿te gusta?
-Yo nunca he vestido ropa así -le responde mientras saca del cajón una pequeña camiseta verde oscura-.
-Debe ser incomodísimo andar con ropa como esa -dice mirando su vestimenta-, a ver. . . -le quita la camiseta de las manos y la extiende enfrente de su cuerpo- creo que te vale, ¿quieres probartela?
-Si -contesta mientras vuelve a cogerla y antes de hacer nada más, se queda mirando a su compañera.
-¿Qué? -se queda un rato perdida hasta que comprende lo que el chico quiere- ¡Ah! -suelta una pequeña risa- vale, vale. . . -dice mientras se da la vuelta para que pueda cambiarse-.
Namira se quita el chaleco y la camisa y tira ambos encima de la cama para luego ponerse la camiseta, que le queda ligeramente grande, por lo que queda algo holgada. El niño se queda mirándose en el espejo y, tras un rato, Eola se da la vuelta para ver si ya ha acabado.
-Te queda bien -le dice con una sonrisa- ¿tú qué opinas?
-Es cómoda -le responde mirándola-.
-Pruébate esto también, seguro que te gustan -comenta mientras saca del cajón unos pantalones cortos de color azul cielo y se los pasa por el aire-.
Namira los coge al vuelo y mira de nuevo a su compañera para que se dé la vuelta.
-Tranquilo -dice entre risas- te dejo intimidad.
Se va de la habitación dejando solo al chico y baja para ver a su padre mientras, al cual se encuentra apoyado en la barra mirando fijamente a la puerta de salida.
-¿Ocurre algo? -le pregunta preocupada-.
El padre gira la cabeza para verla y acto seguido vuelve a mirar a la puerta.
-No, tranquila -contesta distraído-, solo estaba pensando.
-¿En qué?
-En qué pasará -su voz mantiene un tono uniforme y distante en cada comentario-.
Eola se queda unos segundos en silencio, pensando en todo lo ocurrido.
-Siento haber causado tantos problemas -dice con un tono apagado mientras se agarra una mano con la otra e intenta mantenerlas quietas-.
El hombre vuelve a mirarla en silencio durante un rato y finalmente se aparta de la barra, la despeina con una mano mientras se guarda la otra en el bolsillo.
-Bah -replica mientras rodea la barra- nos las arreglaremos, ya verás.
Manteniendo la esperanza de que sea verdad, Eola suspira e intenta confiar en su padre. En ese momento Namira aparece junto a ella vestido con la ropa que le acababa de dar más unas chanclas negras calzadas.
-¿De dónde has sacado esas chanclas? -le interroga Eola-.
-Las encontré en tu cuarto.
-No me digas -le replica con tono sarcástico mientras se cruza de brazos y le mira de reojo-.
El padre de Eola, que se encontraba colocando las sillas del bar encima de las mesas, suelta una carcajada al ver la reacción de su hija y mira luego la cabeza del pequeño sobresaliendo sobre la barra.
-Muévete un poco anda, yo también quiero verte.
Namira rodea la barra y se acerca un poco al hombre, que lo mira mientras continúa subiendo sillas y Eola va detrás de él desenlazando los brazos.
-No te queda nada mal -le comenta subiendo la última silla-.
-Gracias -responde alegremente-.
Tras dar su respuesta, Namira se queda mirando alrededor.
-¿Es un bar? -pregunta curioso-.
-Anda -comenta Eola con cierta burla mientras se queda mirándole- si piensa.
-¡Oye! -le replica el chico molesto-.
-¿Qué? -se queja Eola mientras se apoya en su cabeza como si fuese una mesa- es que mira que has tardado.
-¡No me había fijado! -se excusa el inocente crío mientras el padre de Eola se ríe de fondo al ver la escena-.
-Es normal confundirse -le defiende el hombre-, normalmente los bares tienen clientes -se ríe mientras coge una fregona de un pequeño cuarto adyacente y empieza a fregar el suelo-.
Namira se queda mirándole y Eola suelta un largo suspiro.
-Solo es una mala racha, ya verás como algún día tenemos más clientes -le insiste como tantas veces-.
-Ya, seguro -dice con ironía el padre en respuesta- y yo me lo creo.
-¡Ya lo verás!
Namira, mientras tanto, mira a uno y a otro sin saber muy bien que decir. Sin darse cuenta suelta un gran bostezo y ambos se quedan mirándolo ahora a él.
-¿Tienes sueño? -pregunta Eola-.
-Un poco. . . -dice frotándose un ojo-.
-Vamos anda -dice cogiéndolo de la mano y caminando con él hasta su cuarto-.
-¡Descansad bien! -se despide el padre de ellos y sigue luego con su tarea-.
Ya en la habitación, Namira se descalza y hace amago de ir a abrir la cama pero se detiene y mira a Eola.
-¿Donde dormirás tú?
Eola se queda sorprendida por la pregunta durante unos instantes hasta que responde.
-Contigo, ¿algún problema? -le replica mientras se quita el chaleco y lo tira junto a la puerta- te recuerdo que esta sigue siendo MI habitación.
-Vale -dice tímidamente mientras abre la cama-.
-¿Vas a dormir así? -le pregunta-.
Namira la mira para contestarle y se sonroja al verla sin camiseta quitándose los pantalones.
-S-si -tartamudea mientras aparta la vista y se mete rápidamente en cama-.
-Hm, como veas -le comenta mientras se mete en la cama detrás de él y se tapa-, si te es cómodo. . . apaga la luz anda -le pide con voz cansada-.
Namira mira a su lado hasta ver el interruptor en la pared, lo pulsa y el cuarto se queda totalmente a oscuras.
En mitad de la noche un extraño sonido despierta a Eola que, aún somnolienta, atiende un poco a lo que su oído le dice y nota unas voces.
-¿Nami? -susurra-.
Al ver que su compañero sigue dormido, se levanta cuidadosamente de cama con la idea de que quizá las voces vengan de abajo y sale de su cuarto para comprobarlo. Al descender las escaleras escucha a su padre hablando con alguien, así que se agacha detrás de la barra con cuidado de no ser vista para enterarse de todo.
-. . . que buscáis no está aquí -oye a su padre-.
-¡No intentes tomarme el pelo, la vi venir aquí! -grita una voz conocida-.
-Pues te habrás equivocado, aquí no hay nadie -escucha a su padre insistir en un tono totalmente calmado-.
-¡Entonces déjanos entrar a mirar! -exige la voz que ahora reconoce, la del padre de Namira-.
-Mire agente, conozco mis derechos, y no podéis llegar y registrar mi casa sin una orden judicial, así que coja a este hombre y llévesolo ya, tengo sueño -dice el padre en tono despreocupado y cansado-.
-Lo se señor -responde una tercera voz-, pero entienda que este asunto no es ninguna broma y este hombre afirma que la culpable podría ser su hija.
-Si ese es el problema, solo compruebe mi registro civil, así quizá me crean por fin cuando les digo que no tengo ninguna hija, buenas noches -se despide antes de cerrar la puerta y caminar por toda la habitación hasta su cuarto-.
Eola mientras tanto, todavía agachada y en mitad de la oscuridad, no es capaz de moverse ya que su mente está totalmente ocupada manteniendo el eco de lo que su padre acababa de decir. "¿Lo diría en serio?". Se dice para sí que solo es un truco de su padre, una mala mentira en un intento de encubrirla, un farol. . . Pero su subconsciente le abre los ojos a la fuerza, su padre no es tan idiota, su padre no intentaría algo tan penoso, su padre no se arriesgaría así a que lo pillaran, su padre. . . ¿Su padre?
Tras unos instantes de confusión y aturdimiento, un golpe de frío recorre todo su cuerpo y se levanta despacio para irse de nuevo a su habitación. Una vez dentro, se mete en cama con cuidado de no despertar a Namira, que duerme plácidamente e intenta conciliar el sueño, mas un fuerte insomnio en forma de dudas y preguntas mantiene abiertos sus ojos a pesar de sus esfuerzos por alejar todo lo sucedido de su mente. Cierra los ojos con fuerza y se concentra para dejar su mente en blanco inútilmente, hasta que nota a Namira moverse en sueños y su mente comienza a enfocar los pocos momentos que ha pasado con él. Entonces, sus ojos se relajan y se sume por fin en un profundo y merecido sueño. Horas más tarde, unas nuevas voces la despiertan otra vez. Entreabre ligeramente los ojos y ve un rayo de luz entrar en la habitación por la puerta, ahora medio abierta. Busca a tientas con la mano el interruptor de la luz y nota la extraña falta de algo, pero no sabe muy bien el qué. Finalmente lo encuentra y lo pulsa, cegándose a sí misma con una luz irónicamente inesperada. Abre los ojos poco a poco con esfuerzo y va acostumbrándose lentamente a la luz hasta que, aún cansada, deja caer la cabeza hacia un lado quedando ante ella la pared. Esta imagen, que normalmente veía a diario, hoy le resultaba inexplicablemente rara. Tras unos segundos pensando en ello, se da cuenta finalmente de que Namira no está, con lo que se levanta a toda prisa de la cama, abre y cruza la puerta casi chocándose con ella y baja las escaleras a toda velocidad, hasta llegar a la barra, que usa para frenarse en seco. Con el corazón encogido observa a su padre y a Namira, dibujando uno y desayunando el otro. Namira se sonroja al verla mientras que su padre intenta contener una carcajada.
-¿No tienes frío? -le pregunta finalmente el hombre con cierto rintintín-.
Eola tarda unos segundos en pillar el chiste, hasta que mira hacia abajo para verse a sí misma y sale corriendo de nuevo hacia su habitación quejandose por el camino mientras su padre y Namira se ríen. Una vez en su cuarto se viste a toda prisa y vuelve a bajar aún despeinada y descalza, pero vestida esta vez.
-Ya, ya. . . muy gracioso -comenta con sarcasmo al ver que aún se ríen un poco-.
-Pues tu espérate a que el canijo llegue a la pubertad -dice señalándolo- entonces SI será gracioso.
-¡Cállate! -le exige ante la confusa mirada del niño, que no entiende nada-.
Mientras Eola y su padre continúan con su discusión, Namira desvía su mirada hasta el dibujo del padre, en el cual están tanto él como Eola.
-Dibujas muy bien -le afirma asombrado-.
Ambos cesan su conversación ante la interrupción del niño y Eola se fija entonces en el dibujo.
-Gracias -le responde el hombre- siempre me ha gustado.
Eola le quita el dibujo para mirarlo de cerca y se sorprende al fijarse en un detalle en concreto.
-Tengo los dos ojos. . . -dice esperando una explicación-.
-Claro -responde su padre con total naturalidad mientras apoya los codos en la mesa, entrelaza las manos y apoya la cabeza en estas sonriente-, porque no has cambiado -al decir esto Eola le mira fijamente- sigues siendo la misma cría de siempre.
No sabe muy bien que responder, pero siente una extraña calidez al volver a mirar el dibujo y verse sonriendo, como si estuviera en paz consigo misma. Mira entonces de nuevo a su padre y a Namira y por un segundo, visualiza en ellos una familia. Sonríe inconscientemente y todas las ideas en su mente se aclaran al fin. Ya no queda duda alguna, esta es su familia.
viernes, 22 de agosto de 2014
Una luz en las sombras
5
El amanecer llega al Scissor Happy y en su interior, se encuentra cobijado tras la barra el padre de Eola, sentado en el suelo y observando, con ojos apagados, un oscuro dibujo de su hija, tal y como la encontró aquel día. Un escalofrío recorre todo su cuerpo, cierra los ojos y mientras suspira, arruga el dibujo con una mano hasta formar una bola y la tira lejos de él. Mientras tanto, en su cuarto, una joven sentada en el suelo mantiene un duelo de miradas con Eola. Los ojos de Eola, apagados, parecían mirar a la nada, como si ante ella no hubiese nadie. La joven se pone nerviosa, esa mirada la frustra, se clava en su pecho como un puñal. "¿Por qué me mira así?" se pregunta, "No es culpa mía" piensa, "No hacemos daño a nadie" se excusa. La mirada de Eola no se inmuta y la joven finalmente cede, "¿Tan mal está. . . ?". Incapaz de seguir aparta su ojo izquierdo del espejo, se levanta y sale de su habitación. Al bajar se encuentra a su padre, sentado en el suelo con la mirada perdida.
-¿Cómo te encuentras? -le pregunta en un tono apagado girándose hacia ella-.
Eola se palpa el parche que cubre su ojo derecho con la mano y acto seguido responde, en un tono poco convincente:
-Bien.
Se encamina hacia la salida y su padre le interrumpe a mitad de camino.
-Si me lo contaras podríamos ajustar cuentas.
-¿Valdría para algo? -responde fríamente mientras se encamina de nuevo a la salida y se va-.
"Es su decisión" se repite su padre para sí.
La tarde se nubla y una brisa fría acaricia la costa y se lleva consigo los problemas de Eola, que mira el mar sentada cerca del muelle. Por un instante su reflejo le apuñala de nuevo con la mirada y una lágrima desciende por su mejilla.
-¿Qué te pasa? -la sorprende una voz-.
Eola mira a su izquierda sobresaltada y ve a un niño de ojos azules, vestido elegantemente con una camisa blanca, un chaleco negro y unos pantalones y zapatos del mismo color, agachado a su lado, con un extraño gorro con orejas de gato mirándola fijamente.
-¿Por qué lloras? -insiste el niño-.
Eola dirige nuevamente su mirada al mar y se queda unos segundos callada.
-Que no me quieren -responde sin saber muy bien cómo explicarle nada a un crío-.
-Yo te quiero -le contesta el niño alegremente-.
Eola se queda embobada mirándolo al oír esto.
-Si no nos conocemos.
-¿Y?
-¿Por qué habías de quererme?
-¿Y por qué no? -pregunta el niño con cara de no entender nada-.
Eola se queda callada y sin darse cuenta empieza a sonreír.
-¿Cómo te llamas?
-Namira -el niño la mira sonriente- ¿y tú?
-Eola -responde contagiada de la alegría del niño-.
Namira se sentó a su lado, miró al mar y luego a ella otra vez.
-¿Qué te pasó en el ojo?
-¿Y tú por qué haces tantas preguntas? -dice la chica, lejos de querer hablar de ese tema-.
-Me gusta hacer preguntas.
-Pues a mí me gusta llevar parche -responde alegremente mientras le mira inclinando ligeramente la cabeza y encogiéndose de hombros-.
-Ah -se ríe ligeramente- vale.
Ambos se quedan callados unos segundos hasta que Eola decide hacerle una pregunta.
-¿Cómo es que estás solo?
-Porque me he ido de casa -contesta como si tal cosa-.
-¿Te has ido? -Eola se sorprende-.
-Si.
-¿Por qué?
-Porque no quieren que esté en casa.
-¿Quienes no quieren que estés en casa?
-Mis padres.
Eola se calla durante unos segundos.
-¿Por qué? -decide preguntar-.
-Dicen que soy anormal.
-¿Anormal? -no entiende nada-.
-Si, dicen que siempre estoy haciendo cosas raras, que un hijo suyo no puede comportarse así.
Eola se cabrea al oír eso pero intenta mantener la calma.
-Eso dicen, eh. . . -dice mientras aprieta los puños-.
-Si, pero como a mi me gusta como soy, me fui -dice en tono alegre y despreocupado-.
Una extraña calma inunda el corazón de Eola, que mantiene esas palabras en su cabeza mientras contempla su reflejo en el agua. "Me gusta como soy".
-¿Sabes qué? -le dice dulcemente- a mí también me gusta como eres.
-Gracias -le responde muy contento-.
Siguen hablando y mientras, empieza a anochecer.
-Se está haciendo tarde -dice Eola- ¿a donde irás?
-No lo sé -dice bajando la cabeza-.
-Si quieres -dice tras quedarse un segundo observándole- puedes venir a mi casa.
-¿En serio? -pregunta entusiasmado-.
-¡Claro! -le responde sonriente-.
-Grac. . .
-Aquí estabas -les interrumpe una voz seria- puto crío, no traes más que problemas -dice un hombre adulto, de pelo corto castaño, ojos azules y trajeado, mientras agarra a Namira por un brazo y lo levanta de un tirón-.
Namira suelta un pequeño grito de dolor y miedo y Eola se levanta sobresaltada.
-Ten más cuidado, ¿¡no ves que le haces daño!?
-Cierra la boca, tú aquí no pintas nada, y tú -dice mientras le quita al pequeño su gorro- a ver si dejas de ir por ahí con esta mierda, aún se van a pensar que eres retrasado.
El hombre tira el gorro al mar y el niño, angustiado, se suelta del hombre y se agacha para buscar su pertenencia con la mirada a través del agua. Eola se interpone entre ambos antes de que el hombre se le acerque y este la agarra por un brazo para intentar apartarla.
-Ese gorro le gustaba -dice Eola alterada-.
-No me importa lo que le guste, solo un idiota lleva esas cosas.
Al oír esto Eola siente como si algo en su interior explotara y su ojo, como el de un león ante su presa, se clava en el hombre. Mueve el brazo rápidamente lanzándole un codazo a la cara y torciéndole a la vez la mano, obligándolo a soltarle, para luego darle un revés con el puño cerrado, haciéndole perder el equilibrio y aprovechando así para agarrarlo y tirarlo al mar. Namira se levanta y se aparta rápidamente del borde al verlo. Tras unos instantes mira a Eola y se asusta de su mirada, fría y afilada. Al notarlo Eola se queda en blanco viendo al niño asustado. No sabe muy bien como reaccionar, ya que es consciente de lo que acaba de hacerle al padre del chico. Tras unos instantes casi eternos, intenta relajarse como puede, se acerca lentamente a Namira y se pone a su altura.
-Nunca cambies -le pide con una falsa y temblorosa sonrisa- ¿vale?
Namira se queda perplejo pero pronto le responde.
-¿Aún puedo ir a tu casa?
Eola se sorprende al oír esto y una cálida sensación recorre todo su cuerpo.
-Claro -dice con voz temblorosa mientras se agacha y lo abraza-.
-¿Estás bien? ¿Por qué lloras? -pregunta en tono preocupado-.
Eola no puede evitar reírse.
-Si, lo estoy -dice aún sonriente-.
5
El amanecer llega al Scissor Happy y en su interior, se encuentra cobijado tras la barra el padre de Eola, sentado en el suelo y observando, con ojos apagados, un oscuro dibujo de su hija, tal y como la encontró aquel día. Un escalofrío recorre todo su cuerpo, cierra los ojos y mientras suspira, arruga el dibujo con una mano hasta formar una bola y la tira lejos de él. Mientras tanto, en su cuarto, una joven sentada en el suelo mantiene un duelo de miradas con Eola. Los ojos de Eola, apagados, parecían mirar a la nada, como si ante ella no hubiese nadie. La joven se pone nerviosa, esa mirada la frustra, se clava en su pecho como un puñal. "¿Por qué me mira así?" se pregunta, "No es culpa mía" piensa, "No hacemos daño a nadie" se excusa. La mirada de Eola no se inmuta y la joven finalmente cede, "¿Tan mal está. . . ?". Incapaz de seguir aparta su ojo izquierdo del espejo, se levanta y sale de su habitación. Al bajar se encuentra a su padre, sentado en el suelo con la mirada perdida.
-¿Cómo te encuentras? -le pregunta en un tono apagado girándose hacia ella-.
Eola se palpa el parche que cubre su ojo derecho con la mano y acto seguido responde, en un tono poco convincente:
-Bien.
Se encamina hacia la salida y su padre le interrumpe a mitad de camino.
-Si me lo contaras podríamos ajustar cuentas.
-¿Valdría para algo? -responde fríamente mientras se encamina de nuevo a la salida y se va-.
"Es su decisión" se repite su padre para sí.
La tarde se nubla y una brisa fría acaricia la costa y se lleva consigo los problemas de Eola, que mira el mar sentada cerca del muelle. Por un instante su reflejo le apuñala de nuevo con la mirada y una lágrima desciende por su mejilla.
-¿Qué te pasa? -la sorprende una voz-.
Eola mira a su izquierda sobresaltada y ve a un niño de ojos azules, vestido elegantemente con una camisa blanca, un chaleco negro y unos pantalones y zapatos del mismo color, agachado a su lado, con un extraño gorro con orejas de gato mirándola fijamente.
-¿Por qué lloras? -insiste el niño-.
Eola dirige nuevamente su mirada al mar y se queda unos segundos callada.
-Que no me quieren -responde sin saber muy bien cómo explicarle nada a un crío-.
-Yo te quiero -le contesta el niño alegremente-.
Eola se queda embobada mirándolo al oír esto.
-Si no nos conocemos.
-¿Y?
-¿Por qué habías de quererme?
-¿Y por qué no? -pregunta el niño con cara de no entender nada-.
Eola se queda callada y sin darse cuenta empieza a sonreír.
-¿Cómo te llamas?
-Namira -el niño la mira sonriente- ¿y tú?
-Eola -responde contagiada de la alegría del niño-.
Namira se sentó a su lado, miró al mar y luego a ella otra vez.
-¿Qué te pasó en el ojo?
-¿Y tú por qué haces tantas preguntas? -dice la chica, lejos de querer hablar de ese tema-.
-Me gusta hacer preguntas.
-Pues a mí me gusta llevar parche -responde alegremente mientras le mira inclinando ligeramente la cabeza y encogiéndose de hombros-.
-Ah -se ríe ligeramente- vale.
Ambos se quedan callados unos segundos hasta que Eola decide hacerle una pregunta.
-¿Cómo es que estás solo?
-Porque me he ido de casa -contesta como si tal cosa-.
-¿Te has ido? -Eola se sorprende-.
-Si.
-¿Por qué?
-Porque no quieren que esté en casa.
-¿Quienes no quieren que estés en casa?
-Mis padres.
Eola se calla durante unos segundos.
-¿Por qué? -decide preguntar-.
-Dicen que soy anormal.
-¿Anormal? -no entiende nada-.
-Si, dicen que siempre estoy haciendo cosas raras, que un hijo suyo no puede comportarse así.
Eola se cabrea al oír eso pero intenta mantener la calma.
-Eso dicen, eh. . . -dice mientras aprieta los puños-.
-Si, pero como a mi me gusta como soy, me fui -dice en tono alegre y despreocupado-.
Una extraña calma inunda el corazón de Eola, que mantiene esas palabras en su cabeza mientras contempla su reflejo en el agua. "Me gusta como soy".
-¿Sabes qué? -le dice dulcemente- a mí también me gusta como eres.
-Gracias -le responde muy contento-.
Siguen hablando y mientras, empieza a anochecer.
-Se está haciendo tarde -dice Eola- ¿a donde irás?
-No lo sé -dice bajando la cabeza-.
-Si quieres -dice tras quedarse un segundo observándole- puedes venir a mi casa.
-¿En serio? -pregunta entusiasmado-.
-¡Claro! -le responde sonriente-.
-Grac. . .
-Aquí estabas -les interrumpe una voz seria- puto crío, no traes más que problemas -dice un hombre adulto, de pelo corto castaño, ojos azules y trajeado, mientras agarra a Namira por un brazo y lo levanta de un tirón-.
Namira suelta un pequeño grito de dolor y miedo y Eola se levanta sobresaltada.
-Ten más cuidado, ¿¡no ves que le haces daño!?
-Cierra la boca, tú aquí no pintas nada, y tú -dice mientras le quita al pequeño su gorro- a ver si dejas de ir por ahí con esta mierda, aún se van a pensar que eres retrasado.
El hombre tira el gorro al mar y el niño, angustiado, se suelta del hombre y se agacha para buscar su pertenencia con la mirada a través del agua. Eola se interpone entre ambos antes de que el hombre se le acerque y este la agarra por un brazo para intentar apartarla.
-Ese gorro le gustaba -dice Eola alterada-.
-No me importa lo que le guste, solo un idiota lleva esas cosas.
Al oír esto Eola siente como si algo en su interior explotara y su ojo, como el de un león ante su presa, se clava en el hombre. Mueve el brazo rápidamente lanzándole un codazo a la cara y torciéndole a la vez la mano, obligándolo a soltarle, para luego darle un revés con el puño cerrado, haciéndole perder el equilibrio y aprovechando así para agarrarlo y tirarlo al mar. Namira se levanta y se aparta rápidamente del borde al verlo. Tras unos instantes mira a Eola y se asusta de su mirada, fría y afilada. Al notarlo Eola se queda en blanco viendo al niño asustado. No sabe muy bien como reaccionar, ya que es consciente de lo que acaba de hacerle al padre del chico. Tras unos instantes casi eternos, intenta relajarse como puede, se acerca lentamente a Namira y se pone a su altura.
-Nunca cambies -le pide con una falsa y temblorosa sonrisa- ¿vale?
Namira se queda perplejo pero pronto le responde.
-¿Aún puedo ir a tu casa?
Eola se sorprende al oír esto y una cálida sensación recorre todo su cuerpo.
-Claro -dice con voz temblorosa mientras se agacha y lo abraza-.
-¿Estás bien? ¿Por qué lloras? -pregunta en tono preocupado-.
Eola no puede evitar reírse.
-Si, lo estoy -dice aún sonriente-.
jueves, 21 de agosto de 2014
Una luz en las sombras.
4
Cientos de luces se alzan de la nada combatiendo la noche e iluminando el lugar para que un puñado de gente pueda seguir con su fiesta. Entre ellos, la joven del cuadro corre abriéndose paso a empujones mientras todas las miradas se clavan en ella una a una. Su angustia aumenta a medida que desaparecen sus esperanzas hasta que, finalmente, la encuentra. La persona que buscaba se encuentra ante ella, separada de la multitud, mirándola sonriente. La chica recupera el aliento y camina lentamente hacia aquella persona, pero de pronto un montón de manos la agarran y la alejan de ella mientras todo se desvanece dejando solo a ella y una oscuridad absoluta. Un gran peso oprime su corazón y abre los ojos despavorida. Trata de respirar con normalidad y deja su mirada perdida por la habitación durante el resto de la noche.
La luz se filtra por la ventana de la habitación y la joven se pone un chaleco y se queda luego un rato mirando un gran espejo pegado en la pared, al lado de la cama. En el reflejo se muestra una chica alta y delgada, con una larga melena marrón, una piel pálida y unos ojos muertos, uno marrón y otro verde, que parecen no mirar a ningún sitio. El chaleco recién vestido, de color café, se superpone a una camiseta roja y bajo estos, unos pantalones grises cubren la mitad de su calzado, consistente en unos tenis blancos. Tras unos segundos mirándose suspira, se guarda las manos en los bolsillos del chaleco y sale de su cuarto. Baja por unas escaleras y cruza otra puerta, apareciendo tras una barra en la cual se apoya un hombre.
-Buenos días papa -dice la chica mientras se posiciona a su lado y le mira-.
El hombre se encuentra dibujando algo en un pequeño folio medio roto. Es alto y esbelto. Su pelo es corto y negro, sus ojos marrones y su piel ligeramente morena. Viste una camisa blanca arremangada y metida en unos pantalones vaqueros sujetos por un cinturón negro y unos zapatos del mismo color.
-Buenos días Eola -le responde sonriente sin dejar de dibujar-.
Eola se inclina sobre el folio para ver el dibujo y su padre, al notarlo, se aparta para dejarle ver. En el folio se ve perfectamente dibujado un ramo de rosas con un lazo. Al verlo, Eola se sonroja y se pone nerviosa.
-La madre que te. . . -dice en tono bajo-.
-No creí que este fuera tu estilo -se ríe-.
-¡Cállate! -le gruñe mientras rodea la barra y se dirige a la salida del lugar a paso acelerado-.
-¡Eh! -le llama la atención antes de que salga-.
-¿¡Qué!? -Contesta de mala gana dándose la vuelta-.
El hombre coge el folio entre los dedos índice y corazón y lo agita.
-¿No te olvidas nada? -le sonríe-.
Los ojos de Eola se abren un montón y esta sale corriendo hacia su habitación. El hombre, mientras, deja el dibujo sobre la barra y se dirige caminando sonriente hasta la puerta, la abre con una mano y la mantiene así mientras observa a Eola cruzar la sala corriendo con un ramo de rosas en las manos.
-¡Buena suerte! -le dice mientras cruza la puerta-.
-¡Que te den! -le responde de un grito mientras corre por la calle, alejándose-.
El hombre suelta una risotada, cierra la puerta y se va por su parte, a paso calmado.
-Que educada la niña. . . -piensa sarcásticamente para sí-.
El cálido sol de la tarde cae sobre un parque y un grupito de niños juegan felices bajo su luz. Cerca de ellos, en un banco, una hermosa joven de negra melena, azules ojos, y blanco vestido, les observa sentada y alegre. Eola la ve desde la otra punta del parque y esconde el ramo tras su cuerpo antes de acercarse, nerviosa, a ella.
-Eola, por fin llegas -le comenta, con una sonrisa angelical y una dulce voz, al verla-.
-P-perdón -tartamudea-.
-Tranquila -dice tras una breve risa- no llevo demasiado esperando, ¿qué querías?
-Yo. . . esto. . . pues. . . -se pone más nerviosa y muestra bruscamente el ramo de rosas-.
La joven se sorprende y acto seguido se levanta, la coge por un brazo y la arrastra, corriendo, hasta alejarse del parque y llegar a un rincón más privado.
-¿Qué pasa? -pregunta Eola preocupada-.
-¿¡En que estabas pensando!? -le reprocha-.
-¿De que hablas. . . ? -su voz se apagaba-.
-¿¡Tenías que hacerlo delante de los niños!?
-¿Qué? -pregunta de nuevo, confusa-.
-Mira -le dice mientras le pone las manos en los hombros- ya sabes que disfruto de tu compañía. . . -hace una breve pausa- más de lo que debería, igual que tú de la mía, pero esto está mal ¿vale? no es normal. . . y no es algo que tengan que ver los niños.
-¿De qué coño hablas? -no entendía nada-.
-Se que no es nuestra culpa, pero esto no está bien.
-¡Deja de repetir lo mismo! ¿¡Por qué esta mal!? -su voz cobra fuerza a cada palabra-.
-¡No te pongas así! -le grita en tono bajo mientras le hace señas con una de las manos para que baje la voz-.
-¿¡Y como tengo que ponerme!? -se aparta de ella quitándose su mano del hombro- ¡no entiendo nada!
-¡Ya lo entenderás!
-Como gritáis -dice entre risas la voz de un chico- aunque supongo que es normal.
Ambas miran y ven a un chico rubio, de su edad aproximadamente, de ojos azules y pelo algo largo, vestido con una camiseta verde de manga corta, unos vaqueros oscuros y unas zapatillas verdes. Eola, al borde de perder los nervios le mira fijamente.
-¿Qué quieres decir con eso. . . ? -pregunta con voz temblorosa-.
-Pues eso, que es normal, los enfermos mentales están siempre gritando, ¿no? -dice riéndose de nuevo-.
Eola deja caer las flores y se acerca a él bruscamente y le da un puñetazo en la cara tirándolo al suelo.
-¡Eola! -le grita la chica agarrándola del brazo-.
Poco dura el agarre y Eola, enfurecida, se lanza sobre el joven y descarga una lluvia de puñetazos de la que difícilmente es capaz de cubrirse.
-¡Que es mi hermano! -le grita la chica desesperada tratando inútilmente de agarrarla otra vez-.
El joven aprovecha el momento de distracción que le proporciona su hermana para coger una piedra del suelo y estampársela en el ojo derecho para quitársela de encima. Eola suelta un grito y se retuerce en el suelo, cubriéndose el ojo con ambas manos mientras la sangre brota.
-¡Eola! -grita la chica de nuevo, entre lágrimas esta vez, mientras corre hacia ella e intenta ayudarla a levantarse-.
Renunciando a su ayuda, se separa bruscamente de ella.
-¡Suéltame! -grita casi desgarrándose la garganta mientras se va corriendo-.
Al llegar la noche, el padre de Eola llega a casa y al entrar, la ve agachada en un rincón.
-No ha habido suerte, ¿eh? -pregunta en tono suave- lo siento mu. . . -se calla al fijarse en la sangre que se filtra por sus manos y se acerca corriendo- ¿¡qué ha pasado!?
No recibe nada mas que gimoteos en respuesta, así que, con el corazón en un puño, le aparta con suavidad las manos para ver la herida y acto seguido, la ayuda a levantarse y se la lleva a fuera, al coche, para llevarla al hospital.
4
Cientos de luces se alzan de la nada combatiendo la noche e iluminando el lugar para que un puñado de gente pueda seguir con su fiesta. Entre ellos, la joven del cuadro corre abriéndose paso a empujones mientras todas las miradas se clavan en ella una a una. Su angustia aumenta a medida que desaparecen sus esperanzas hasta que, finalmente, la encuentra. La persona que buscaba se encuentra ante ella, separada de la multitud, mirándola sonriente. La chica recupera el aliento y camina lentamente hacia aquella persona, pero de pronto un montón de manos la agarran y la alejan de ella mientras todo se desvanece dejando solo a ella y una oscuridad absoluta. Un gran peso oprime su corazón y abre los ojos despavorida. Trata de respirar con normalidad y deja su mirada perdida por la habitación durante el resto de la noche.
La luz se filtra por la ventana de la habitación y la joven se pone un chaleco y se queda luego un rato mirando un gran espejo pegado en la pared, al lado de la cama. En el reflejo se muestra una chica alta y delgada, con una larga melena marrón, una piel pálida y unos ojos muertos, uno marrón y otro verde, que parecen no mirar a ningún sitio. El chaleco recién vestido, de color café, se superpone a una camiseta roja y bajo estos, unos pantalones grises cubren la mitad de su calzado, consistente en unos tenis blancos. Tras unos segundos mirándose suspira, se guarda las manos en los bolsillos del chaleco y sale de su cuarto. Baja por unas escaleras y cruza otra puerta, apareciendo tras una barra en la cual se apoya un hombre.
-Buenos días papa -dice la chica mientras se posiciona a su lado y le mira-.
El hombre se encuentra dibujando algo en un pequeño folio medio roto. Es alto y esbelto. Su pelo es corto y negro, sus ojos marrones y su piel ligeramente morena. Viste una camisa blanca arremangada y metida en unos pantalones vaqueros sujetos por un cinturón negro y unos zapatos del mismo color.
-Buenos días Eola -le responde sonriente sin dejar de dibujar-.
Eola se inclina sobre el folio para ver el dibujo y su padre, al notarlo, se aparta para dejarle ver. En el folio se ve perfectamente dibujado un ramo de rosas con un lazo. Al verlo, Eola se sonroja y se pone nerviosa.
-La madre que te. . . -dice en tono bajo-.
-No creí que este fuera tu estilo -se ríe-.
-¡Cállate! -le gruñe mientras rodea la barra y se dirige a la salida del lugar a paso acelerado-.
-¡Eh! -le llama la atención antes de que salga-.
-¿¡Qué!? -Contesta de mala gana dándose la vuelta-.
El hombre coge el folio entre los dedos índice y corazón y lo agita.
-¿No te olvidas nada? -le sonríe-.
Los ojos de Eola se abren un montón y esta sale corriendo hacia su habitación. El hombre, mientras, deja el dibujo sobre la barra y se dirige caminando sonriente hasta la puerta, la abre con una mano y la mantiene así mientras observa a Eola cruzar la sala corriendo con un ramo de rosas en las manos.
-¡Buena suerte! -le dice mientras cruza la puerta-.
-¡Que te den! -le responde de un grito mientras corre por la calle, alejándose-.
El hombre suelta una risotada, cierra la puerta y se va por su parte, a paso calmado.
-Que educada la niña. . . -piensa sarcásticamente para sí-.
El cálido sol de la tarde cae sobre un parque y un grupito de niños juegan felices bajo su luz. Cerca de ellos, en un banco, una hermosa joven de negra melena, azules ojos, y blanco vestido, les observa sentada y alegre. Eola la ve desde la otra punta del parque y esconde el ramo tras su cuerpo antes de acercarse, nerviosa, a ella.
-Eola, por fin llegas -le comenta, con una sonrisa angelical y una dulce voz, al verla-.
-P-perdón -tartamudea-.
-Tranquila -dice tras una breve risa- no llevo demasiado esperando, ¿qué querías?
-Yo. . . esto. . . pues. . . -se pone más nerviosa y muestra bruscamente el ramo de rosas-.
La joven se sorprende y acto seguido se levanta, la coge por un brazo y la arrastra, corriendo, hasta alejarse del parque y llegar a un rincón más privado.
-¿Qué pasa? -pregunta Eola preocupada-.
-¿¡En que estabas pensando!? -le reprocha-.
-¿De que hablas. . . ? -su voz se apagaba-.
-¿¡Tenías que hacerlo delante de los niños!?
-¿Qué? -pregunta de nuevo, confusa-.
-Mira -le dice mientras le pone las manos en los hombros- ya sabes que disfruto de tu compañía. . . -hace una breve pausa- más de lo que debería, igual que tú de la mía, pero esto está mal ¿vale? no es normal. . . y no es algo que tengan que ver los niños.
-¿De qué coño hablas? -no entendía nada-.
-Se que no es nuestra culpa, pero esto no está bien.
-¡Deja de repetir lo mismo! ¿¡Por qué esta mal!? -su voz cobra fuerza a cada palabra-.
-¡No te pongas así! -le grita en tono bajo mientras le hace señas con una de las manos para que baje la voz-.
-¿¡Y como tengo que ponerme!? -se aparta de ella quitándose su mano del hombro- ¡no entiendo nada!
-¡Ya lo entenderás!
-Como gritáis -dice entre risas la voz de un chico- aunque supongo que es normal.
Ambas miran y ven a un chico rubio, de su edad aproximadamente, de ojos azules y pelo algo largo, vestido con una camiseta verde de manga corta, unos vaqueros oscuros y unas zapatillas verdes. Eola, al borde de perder los nervios le mira fijamente.
-¿Qué quieres decir con eso. . . ? -pregunta con voz temblorosa-.
-Pues eso, que es normal, los enfermos mentales están siempre gritando, ¿no? -dice riéndose de nuevo-.
Eola deja caer las flores y se acerca a él bruscamente y le da un puñetazo en la cara tirándolo al suelo.
-¡Eola! -le grita la chica agarrándola del brazo-.
Poco dura el agarre y Eola, enfurecida, se lanza sobre el joven y descarga una lluvia de puñetazos de la que difícilmente es capaz de cubrirse.
-¡Que es mi hermano! -le grita la chica desesperada tratando inútilmente de agarrarla otra vez-.
El joven aprovecha el momento de distracción que le proporciona su hermana para coger una piedra del suelo y estampársela en el ojo derecho para quitársela de encima. Eola suelta un grito y se retuerce en el suelo, cubriéndose el ojo con ambas manos mientras la sangre brota.
-¡Eola! -grita la chica de nuevo, entre lágrimas esta vez, mientras corre hacia ella e intenta ayudarla a levantarse-.
Renunciando a su ayuda, se separa bruscamente de ella.
-¡Suéltame! -grita casi desgarrándose la garganta mientras se va corriendo-.
Al llegar la noche, el padre de Eola llega a casa y al entrar, la ve agachada en un rincón.
-No ha habido suerte, ¿eh? -pregunta en tono suave- lo siento mu. . . -se calla al fijarse en la sangre que se filtra por sus manos y se acerca corriendo- ¿¡qué ha pasado!?
No recibe nada mas que gimoteos en respuesta, así que, con el corazón en un puño, le aparta con suavidad las manos para ver la herida y acto seguido, la ayuda a levantarse y se la lleva a fuera, al coche, para llevarla al hospital.
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