viernes, 22 de agosto de 2014

                                                             Una luz en las sombras
                                                                                  5

El amanecer llega al Scissor Happy y en su interior, se encuentra cobijado tras la barra el padre de Eola, sentado en el suelo y observando, con ojos apagados, un oscuro dibujo de su hija, tal y como la encontró aquel día. Un escalofrío recorre todo su cuerpo, cierra los ojos y mientras suspira, arruga el dibujo con una mano hasta formar una bola y la tira lejos de él. Mientras tanto, en su cuarto, una joven sentada en el suelo mantiene un duelo de miradas con Eola. Los ojos de Eola, apagados, parecían mirar a la nada, como si ante ella no hubiese nadie. La joven se pone nerviosa, esa mirada la frustra, se clava en su pecho como un puñal. "¿Por qué me mira así?" se pregunta, "No es culpa mía" piensa, "No hacemos daño a nadie" se excusa. La mirada de Eola no se inmuta y la joven finalmente cede, "¿Tan mal está. . . ?". Incapaz de seguir aparta su ojo izquierdo del espejo, se levanta y sale de su habitación. Al bajar se encuentra a su padre, sentado en el suelo con la mirada perdida.
-¿Cómo te encuentras? -le pregunta en un tono apagado girándose hacia ella-.
Eola se palpa el parche que cubre su ojo derecho con la mano y acto seguido responde, en un tono poco convincente:
-Bien.
Se encamina hacia la salida y su padre le interrumpe a mitad de camino.
-Si me lo contaras podríamos ajustar cuentas.
-¿Valdría para algo? -responde fríamente mientras se encamina de nuevo a la salida y se va-.
"Es su decisión" se repite su padre para sí.
La tarde se nubla y una brisa fría acaricia la costa y se lleva consigo los problemas de Eola, que mira el mar sentada cerca del muelle. Por un instante su reflejo le apuñala de nuevo con la mirada y una lágrima desciende por su mejilla.
-¿Qué te pasa? -la sorprende una voz-.
Eola mira a su izquierda sobresaltada y ve a un niño de ojos azules, vestido elegantemente con una camisa blanca, un chaleco negro y unos pantalones y zapatos del mismo color, agachado a su lado, con un extraño gorro con orejas de gato mirándola fijamente.
-¿Por qué lloras? -insiste el niño-.
Eola dirige nuevamente su mirada al mar y se queda unos segundos callada.
-Que no me quieren -responde sin saber muy bien cómo explicarle nada a un crío-.
-Yo te quiero -le contesta el niño alegremente-.
Eola se queda embobada mirándolo al oír esto.
-Si no nos conocemos.
-¿Y?
-¿Por qué habías de quererme?
-¿Y por qué no? -pregunta el niño con cara de no entender nada-.
Eola se queda callada y sin darse cuenta empieza a sonreír.
-¿Cómo te llamas?
-Namira -el niño la mira sonriente- ¿y tú?
-Eola -responde contagiada de la alegría del niño-.
Namira se sentó a su lado, miró al mar y luego a ella otra vez.
-¿Qué te pasó en el ojo?
-¿Y tú por qué haces tantas preguntas? -dice la chica, lejos de querer hablar de ese tema-.
-Me gusta hacer preguntas.
-Pues a mí me gusta llevar parche -responde alegremente mientras le mira inclinando ligeramente la cabeza y encogiéndose de hombros-.
-Ah -se ríe ligeramente- vale.
Ambos se quedan callados unos segundos hasta que Eola decide hacerle una pregunta.
-¿Cómo es que estás solo?
-Porque me he ido de casa -contesta como si tal cosa-.
-¿Te has ido? -Eola se sorprende-.
-Si.
-¿Por qué?
-Porque no quieren que esté en casa.
-¿Quienes no quieren que estés en casa?
-Mis padres.
Eola se calla durante unos segundos.
-¿Por qué? -decide preguntar-.
-Dicen que soy anormal.
-¿Anormal? -no entiende nada-.
-Si, dicen que siempre estoy haciendo cosas raras, que un hijo suyo no puede comportarse así.
Eola se cabrea al oír eso pero intenta mantener la calma.
-Eso dicen, eh. . .  -dice mientras aprieta los puños-.
-Si, pero como a mi me gusta como soy, me fui -dice en tono alegre y despreocupado-.
Una extraña calma inunda el corazón de Eola, que mantiene esas palabras en su cabeza mientras contempla su reflejo en el agua. "Me gusta como soy".
-¿Sabes qué? -le dice dulcemente- a mí también me gusta como eres.
-Gracias -le responde muy contento-.
Siguen hablando y mientras, empieza a anochecer.
-Se está haciendo tarde -dice Eola- ¿a donde irás?
-No lo sé -dice bajando la cabeza-.
-Si quieres -dice tras quedarse un segundo observándole- puedes venir a mi casa.
-¿En serio? -pregunta entusiasmado-.
-¡Claro! -le responde sonriente-.
-Grac. . .
-Aquí estabas -les interrumpe una voz seria- puto crío, no traes más que problemas -dice un hombre adulto, de pelo corto castaño, ojos azules y trajeado, mientras agarra a Namira por un brazo y lo levanta de un tirón-.
Namira suelta un pequeño grito de dolor y miedo y Eola se levanta sobresaltada.
-Ten más cuidado, ¿¡no ves que le haces daño!?
-Cierra la boca, tú aquí no pintas nada, y tú -dice mientras le quita al pequeño su gorro- a ver si dejas de ir por ahí con esta mierda, aún se van a pensar que eres retrasado.
El hombre tira el gorro al mar y el niño, angustiado, se suelta del hombre y se agacha para buscar su pertenencia con la mirada  a través del agua. Eola se interpone entre ambos antes de que el hombre se le acerque y este la agarra por un brazo para intentar apartarla.
-Ese gorro le gustaba -dice Eola alterada-.
-No me importa lo que le guste, solo un idiota lleva esas cosas.
Al oír esto Eola siente como si algo en su interior explotara y su ojo, como el de un león ante su presa, se clava en el hombre. Mueve el brazo rápidamente lanzándole un codazo a la cara y torciéndole a la vez la mano, obligándolo a soltarle, para luego darle un revés con el puño cerrado, haciéndole perder el equilibrio y aprovechando así para agarrarlo y tirarlo al mar. Namira se levanta y se aparta rápidamente del borde al verlo. Tras unos instantes mira a Eola y se asusta de su mirada, fría y afilada. Al notarlo Eola se queda en blanco viendo al niño asustado. No sabe muy bien como reaccionar, ya que es consciente de lo que acaba de hacerle al padre del chico. Tras unos instantes casi eternos, intenta relajarse como puede, se acerca lentamente a Namira y se pone a su altura.
-Nunca cambies -le pide con una falsa y temblorosa sonrisa- ¿vale?
Namira se queda perplejo pero pronto le responde.
-¿Aún puedo ir a tu casa?
Eola se sorprende al oír esto y una cálida sensación recorre todo su cuerpo.
-Claro -dice con voz temblorosa mientras se agacha y lo abraza-.
-¿Estás bien? ¿Por qué lloras? -pregunta en tono preocupado-.
Eola no puede evitar reírse.
-Si, lo estoy -dice aún sonriente-.

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